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Relación entre el budismo y los derechos humanos

Relación entre el budismo y los derechos humanos
Si examinamos algunos de los principios budistas, como la ley de causa y efecto, el perfecto renacimiento humano, la interdependencia, la compasión hacia todos los seres que sufren, y, fundamentalmente, el principio de no violencia, vemos que son las base y la puesta en práctica en estos derechos. El Dalai Lama describe la esencia del budismo en una frase que dice: “si puedes, ayuda a los demás, y si no puedes ayudarles, al menos no les hieras”.

El concepto del precioso renacimiento humano nos insta a valorar la condición humana como un privilegio difícil de obtener y que comporta responsabilidades especiales que derivan de la capacidad de discernimiento y poder optar por beneficiar o perjudicar a los demás. Además, comporta el reconocimiento de que todos somos iguales porque participamos de la naturaleza de Buda y cada uno de los seres de la tierra desea ser feliz.

La compasión nos hace responsables de hacer todo lo necesario para evitar el sufrimiento de los demás. Existen muchas prácticas budistas para desarrollar la compasión. Por ejemplo, la práctica de Tonglen, que consiste en que cada uno dé su felicidad y coja el sufrimiento del otro y, aunque es cierto que se realiza a un nivel puramente mental, el practicante que lo va haciendo se le va abriendo poco a poco la mente y el corazón hasta que llega un momento en que piensa ¿Qué puedo hacer yo en la realidad, activamente, para ayudar a los demás?

Respecto a la ley del karma, ésta nos dice que todo sufrimiento tiene una causa y que si queremos erradicarlo, tenemos que acabar con las causas que lo provocan. Es evidente que la violación de los derechos humanos causa graves sufrimientos ya que supone privar a las personas de necesidades tan básicas como la libertad, la vida, la educación y, en resumen, privarlos de su dignidad.
Propuestas budistas para el cambio

Sin justicia no puede haber paz, de manera que, mientras se siguen violando estos derechos, se están acumulando causas para generar desesperanza y odio, que, a su vez, generarán más violencia, terrorismo y guerras.

Ante esto, la propuesta del budismo es cambiar las causas que provocan estas violaciones. ¿Cómo podemos cambiar las causas que provocan todas estas violaciones de los derechos humanos? Desde el punto de vista budista, la manera sería establecer como prioridad, ante el egoísmo y el interés propio, el beneficios de los demás, siendo además una responsabilidad personal el mitigar su sufrimiento.

Así, ante la cuestión de los derechos humanos, el budismo propone un cambio de paradigma, un enfoque totalmente diferente del que normalmente utilizamos y que no requiere de cambios estructurales porque es simplemente una actitud, una forma de sentir, una manera de vivir, y de ver a los demás desde el respeto, el amor y la compasión. Es un cambio en el interior que se refleja en el exterior. Es un compromiso personal con todos los seres y con la naturaleza.

Desde este cambio individual, y enseñando a los niños el valor de estos principios, se irán extendiendo poco a poco como una gran red ya que, como también dice el budismo, todo está interrelacionado. Es precisamente por este principio de interconexión que un cambio en una persona provoca cambios en otras, y de éstas a otras, y a medida que se extienda llegará a los gobiernos, porque son dependientes de nosotros. Sin un pueblo que los vote o los mantenga, no hay gobernantes. Por lo tanto, es nuestra responsabilidad exigir la puesta en práctica de estos derechos, porque las grandes declaraciones no sirven de nada si no se cumplen.

Si nosotros miramos hacia otro lado cuando vemos cómo los gobernantes vulneran los derechos humanos, somos cómplices de sus actuaciones porque, como budistas, la compasión nos exige ponernos del lado del débil y del oprimido y mitigar su sufrimiento. Por todo esto, podemos concluir que existe un paralelismo entre los derechos humanos y la ética budista. El budismo nos da los instrumentos no sólo para poner en práctica los derechos humanos y hacer de ellos una forma de vida sino también para saber cómo afrontar las violaciones de estos derechos.

Tal como dice el Dalai Lama: “Ya que somos egoístas, seamos al menos egoístas inteligentes y ayudemos a los demás, porque es la única manera de que nosotros mismos podamos ser felices”.

O como indica la Plegaria del Bodhisattva, que resume el sentido de la compasión en el budismo:

“Mientras perdure el espacio y permanezcan los seres vivientes, que pueda yo también perdurar para disipar la miseria del mundo”.

Fuente(s): ccebudistes.org

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