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El fiasco de la fusión fría de Pons y Fleischmann

El 23 de marzo de 1989, Martin Fleischman y Stanley Pons aparecieron en una conferencia de prensa de la Universidad de Utah anunciando el descubrimiento de la fusión fría. El presidente de la universidad y varias otras autoridades también estaban presentes y hablaron con la prensa.

La desacostumbrada participación de la prensa y de tales autoridades indicaba que la fusión fría era más que un avance científico. Pronto la universidad anunció la formación de un instituto de investigación con fondos del estado.

Su objetivo no sólo era el conocimiento de los fenómenos sino también preparar aplicaciones comerciales en gran escala. Al principio pareció posible que la fusión fría revolucionase la generación de electricidad y que transformase la economía mundial.

Conocemos ahora el fin de la historia. En poco tiempo, la fusión fría fue desacreditada y la mayoría de los investigadores perdieron el interés en ella. El instituto de la Universidad de Utah cerró en 1991 y el apoyo para continuar trabajando en este campo rápidamente se evaporó (cf. Simon, 2002). Tales eventos ilustran de modo particularmente claro la complejidad de la relación entre ciencia y tecnología hoy.

El relato clásico, pero en general desacreditado, de tales relaciones sostiene que la ciencia es un conjunto de verdades sobre la naturaleza y la tecnología una aplicación de tales verdades en la producción de instrumentos útiles. Verdad y utilidad pertenecen a mundos diferentes ligados sólo por la subordinación de la última a la primera. Pero los historiadores han mostrado que pocas tecnologías surgieron como aplicaciones de la ciencia hasta hace poco tiempo. La mayoría se desarrolló de modo independiente de la ciencia y, en realidad, en casos como el de la óptica, la tecnología tuvo más impacto en la ciencia que al contrario.

La ciencia es incluso más dependiente de la tecnología hoy que en el pasado. Es verdad que el siglo XX asistió a un incremente dramático en las aplicaciones prácticas del conocimiento científico, pero esta nueva situación no revela la esencia de la relación entre ciencia y tecnología. Por el contrario, confunde la distinción del sentido común estableciendo el carácter productivo como propio de la ciencia.

En cualquier caso, el modelo clásico no describe el caso de la fusión fría. Fleischman y Pons no aplicaron ninguna ciencia preexistente en su trabajo, sino que hicieron un descubrimiento empírico del tipo que asociamos con la invención. Ellos no estaban buscando confirmar o invalidar una teoría con experimentos como lo harían los abordajes filosóficos del método científico, sino que, por el contrario, procuraron producir un efecto inexplicado (y finalmente inexplicable). Su descubrimiento empleó un dispositivo tecnológico que fue al mismo tiempo un aparato experimental y un prototipo comercial. Consecuentemente, las dos puntas de su descubrimiento apuntan tanto a la comunidad científica como a la de negocios.

Casos como este proliferan en las ciencias biológicas, donde las técnicas científicas se despliegan en la búsqueda de resultados de interés no sólo para investigadores, sino también para las compañías farmacológicas. Productos y conocimiento emergen juntos del laboratorio. La búsqueda de conocimiento y el hacer dinero se juntan en un único trabajo. La distinción entre ciencia y tecnología parece quebrarse. De aquí el uso extendido del término "tecnociencia".

Fuente(s): scielo.br

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