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Corría el año 1888 cuando Bertha Ringer y sus dos hijos se prepararon para ir a ver a la abuela. Desayunaron juntos, dejaron listo el almuerzo del marido de la señora Ringer y el aviso de que iban de excursión.

¿Qué tiene de especial este viaje? Pues que fue el primer trayecto hecho en automóvil, un extravagante triciclo patentado por Karl Friedrich Benz, el esposo de Bertha Ringer, el 29 de enero de 1886.

Ese día, una fecha histórica, Benz obtuvo una licencia para fabricar “un vehículo propulsado por un motor a gas”. Al fin, un sueño perseguido desde la Edad Media (ya en el siglo XIII, Roger Bacon escribió “pueden hacerse carruajes que se muevan con rapidez increíble sin necesidad de animales” y Leonardo Da Vinci intentó hacer hacer algo parecido con fines militares pero sin éxito) se convirtió en realidad en la forma de un triciclo propulsado por un monocilindro de 984 centímetros cúbicos, cuya potencia de 0’9 CV le sirvió para alcanzar la trepidante velocidad de 16 km/h.

Benz, no cabe duda, tenía talento para la ingeniería, pero no era un dechado de virtudes para la economía así que la familia Benz tuvo que atravesar una época de estrecheces y sacrificios, en donde Bertha Ringer se hizo con las riendas económicas (invirtió su dote en la empresa del marido) y se armó de valor suficiente para que el 5 de agosto de 1888 con sus dos hijos (Eugen, de 15 años, y Richard, de 14) se fuera a ver a la abuela. Karl Benz reconoció el coraje de su esposa en sus memorias: “En aquellos días, cuando nuestro barco de la vida amenazaba con capotar, sólo una persona permaneció resueltamente a mi lado: mi esposa. Valientemente, ella desplegó las velas de la esperanza”.

Este primer viaje, de Mannheim a Pforzheim (Alemania) cubrió una distancia de 106 km, así que necesitaron unos cinco días para completarlo. Atravesaron una serie de pueblos cuyas carreteras nada tienen que ver con las de hoy en día. Fue un viaje con muchos sobresaltos: se rompió la correa de transmisión y hubo que buscar a un herrero para arreglarla. El coche tenía un depósito de 4,5 litros por lo que el combustible siempre escaseaba, así que la familia tuvo que comprar la gasolina en las farmacias.

El agua que consumía el coche se recogía en los charcos y en las fuentes. En las cuestas, Eugen se ponía al volante y la madre empujaba el triciclo (lo cierto es que la potencia del coche no le daba la suficiente capacidad como para atravesar las diversas pendientes). Las bajadas fueron muy complicadas porque las zapatas de los frenos, fabricadas con cuero, echaban mucho humo y hubo que cambiarlas. Todo esto sin mencionar que tanto la esposa de Benz como sus dos hijos no sabían cómo llegar al pueblo de la abuela, por lo que dieron algún que otro rodeo.

Finalmente, en el atardecer del quinto día llegaron a su destino. Al parecer, lo primero que hizo la señora Ringer fue enviar un telegrama a su marido con un escueto mensaje “llegados sanos y salvos”. La noticia, como no podía ser de otra manera, se extendió como la pólvora por todo el país. De pronto, los Benz se hicieron famosos.

Empieza, así, la Historia del Automóvil, en general, y la de la compañía Benz en particular. Los primeros años, hasta 1894, sólo fabricaron 25 vehículos pero con el paso del tiempo llegaron a la nada despreciable cifra de 1.200 automóviles.

Con una oferta escasa, el precio estaba por las nubes así que el triciclo solo era un capricho para los ricos. Hasta que llegó Henry Ford, una persona con gran olfato para los negocios, que adaptó el sistema de producción en cadena para la fabricación de coches, consiguiendo de esta manera aumentar la oferta, bajar los precios y, por consiguiente, incrementar el número de personas dispuestas a comprarse un coche. Se hicieron unos 8.000 unidades del Ford T en 1900, en 1910 se llegó a los 260.000 vehículos y tan sólo diez años después había unos 3,4 millones de Ford T alrededor del mundo.

Fuente(s): planetahistorico.wordpress.com

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