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10 razones a favor de la legalización de la prostitución
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No están todas las que son, pero espero que sean todas las que están.

1.- Se acerca lo real a lo oficial. Un problema para cualquier país surge cuando vive en la mentira. La prostitución, como la droga, es un hecho cotidiano que está ahí. Se trata de levantar el velo, regular su ejercicio y tratar de evitar situaciones de inseguridad jurídica, multiplicidad de normativas, abuso de la autoridad y hacer corresponder lo que ocurre con lo que debe ocurrir según la ley.

2.- Derechos laborales. Si hablamos de "explotación" de quienes ejercen la prostitución, no hablamos solamente del abuso físico, la trata de blancas y el comportamiento inhumano. Sino también de abusos en materia de derechos laborales. Quienes ejercen la prostitución no tienen ningún tipo de forma de organizarse y mejorar su situación. Reglamentarse y organizarse incluso a nivel sindical, es una opción que sólo tiene consecuencias positivas. Incluso el hecho de que vayan a la huelga puede resultar positivo para quienes están en contra de la prostitución.

3.- Dinero. Seamos claros: en un país con una economía sumergida de cotas tercermundistas, legalizar actividades grises y negras reportaría enormes recursos que significan una mejora de la financiación de los servicios públicos. O mejor aún, la bajada de impuestos por otras actividades, renta, etc.

4.- Salubridad. Como es una actividad que conlleva una mayor probabilidad de contagio de enfermedades venéreas, la legalización conllevaría razonables controles sanitarios. Esto ya ocurre con los actores de películas pornográficas y el índice de contagios en este sector se ha reducido enormemente.

5.- Trasvase de poder. Con la prostitución reglamentada, gran parte de las mujeres explotadas por proxenetas podrían "dirigir su negocio", establecer cooperativas o en todo caso desvincularse de los lazos de dependencia y obtener un poder propio y real. Decidir cómo, cuándo y dónde ejercer. Organizarse y tener voz propia.

6.- Negocio indirecto. El hecho de haber "barrios rojos" conlleva la atracción de clientes que pueden consumir en otro tipo de negocios. Cafeterías, restaurantes, hoteles, clínicas privadas, tiendas, taxis y demás, pueden lucrarse de forma indirecta de estar situados cerca de una zona de prostitución. Se trata de buscar al tipo de cliente y público objetivo, competir y vivir de ello. De forma indirecta, también aumentaría la recaudación local, etc.

7.- Mafias. En un ambiente de prostitución legal, las mafias, obviamente, serían combatidas con mayor ahínco que en la actual situación. En primer lugar porque le convendría mucho a Hacienda, en segundo, porque el propio sector denunciaría situaciones de competencia desleal. No habría pactos de silencio ni miedo a denunciar o al menos mucho menos de lo que hay ahora.

8.- Inmigración. Prácticamente todas las prostitutas y prostitutos que ejercen en España son inmigrantes (90%). Como no pueden demostrar ejercer un trabajo legal, se ven en una situación doble de inseguridad: por un lado los riesgos propios de la actividad, por el otro los riesgos de ser deportados el día que las autoridades antiinmigración ilegal decidan empezar a trabajar. La legalización de la prostitución supondría el contar con un permiso de trabajo y poder emprender con seguridad un proyecto de futuro en España (apertura de nuevos negocios, educación de los hijos, etc).

9.- No existen argumentos de peso para negar la legalización. Se suele esgrimir que quienes ejercen la prostitución no desean ejercerla. Es decir, se argumenta desde el propio deseo del protagonista. Nadie les ha preguntado a los limpiadores de baños públicos, masturbadores de reses, inspectores de estiércol y gastroenterólogos si sus trabajos son deseables. Además, siempre resulta presuntuoso hablar en representación de la voluntad de miles de personas. Los argumentos en contra de la legalización de la prostitución, son los mismos que los en contra de la prostitución. Argumentos de origen religioso, pero entonces cambiamos de tema.

10.-La prostitución legal no resulta obligatoria. Quien no quiera ejercerla o ser cliente, no se le obliga. No se trata de algo que afecte a terceros como en el caso de un aborto, donde se conculcan -eliminan- los derechos de alguien absolutamente indefenso. Tampoco se trata de algo irreversible como en el caso del suicidio asistido. No es, pues, un problema irrevocable, de máximos, sino uno en el que puede haber un debate abierto.

Es siempre gravemente pecaminoso dedicarse a la prostitución, pero la miseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.


Fuente(s): cronicasdeunmundofeliz.com

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