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La ataraxia. Entre la filosofía y la enfermedad
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La ataraxia es la disposición mental que lleva a una persona, mediante la disminución de la intensidad de sus pasiones y deseos y su fortaleza frente a la adversidad, a alcanzar el equilibrio y finalmente la felicidad. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos.

Hay estudios que la consideran un transtorno del cerebro, casi siempre como consecuencia de una expetiencia traumática. Sin embargo, ya desde la Grecia clásica, se considera como una meta a alcanzar.

Para los epicúreos la satisfacción de los deseos es lomque produce placer, el cual a su vez, para ellos es lo que conduce a la felicidad. Pero existen placeres que son vanos y que conducen a un dolor mayor que el placer inicial. Estos placeres producen intranquilidad y deben ser evitados por la razón, ya que alejan de la "ataraxia".

La filosofía es una vía hacia la ataraxia, ya que esta es considerada también: «la tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano».

En el caso de los escépticos, una corriente filosófica basada en la duda, no creen en una verdad objetiva porque todo es subjetivo, dependiendo del sujeto que estudia y no del objeto estudiado.

Promulgan la suspensión de juicio (a priori, universal y necesario); porque al no creer en nada, no entraban en conflictos con nadie para conseguir la ataraxia, como serenidad e imperturbabilidad del ánimo.

Para el estoicismo la vía para llegar a la ataraxia es alcanzar la libertad y la tranquilidad sólo siendo ajeno a las comodidades materiales, la fortuna externa, y dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud.

Para ellos consiste principalmente en adecuar los deseos propios a la racionalidad de la naturaleza (logos), aprendiendo a diferenciar las cosas que dependen del propio sujeto de las que son independientes de éste. Para esto también es necesario, en pos de encontrar la ataraxia, eliminar los miedos a los dioses y a la muerte, así como no quejarse por las inclemencias del destino.

Para terminar, cuentan que un hombre estaba tomando unas fotos de un precioso paisaje. En un momento, mientras estaba próximo a un precipicio, resbaló y cayó por él.

Conforme caía, consiguió agarrarse a un arbusto que había crecido en la pared del precipicio, pero comprobó que era una solución inútil pues la planta cedía con su peso.

Entonces pudo comprobar que en el arbusto habían crecido unos frutos rojos muy apetitosos, así que soltó una de sus manos y con esfuerzo consiguió alcanzar algunos de ellos y se los comió mientras esperaba el fin.

Fuente(s): formadores-fer.blogspot.com.es

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