"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

Lectura destacada

La nueva guerra en el Congo. ¿Hasta cuándo?

¿Es Chile un país violento?
Compartelo en
Pin It

¿Es Chile un país violento?
Mi amigo César nació -y vive hasta el día de hoy- en La Pintana. Esta comuna encabeza el ranking de las más pobres, marginadas y estigmatizadas del gran Santiago. Su hermano es uno de los 81 reos que murió el 8 de diciembre del 2010 en el incendio de la cárcel de San Miguel. César convive día a día con la violencia institucionalizada de la desigualdad. Conoce más que nadie la violencia estatal que tortura y denigra con impunidad a los presos comunes de nuestras cárceles. También conoce a aquellos jóvenes que para protestar contra la marginación y la represión utilizan la violencia en marchas y tomas. Convive la violencia de los encapuchados, la de los delincuentes comunes, la de los gendarmes y la de los narco. Convive con la violencia de los poderosos que abusan. Y, sin embargo, César no es violento. ¿Cuál es su secreto?

César se organizó, con otros y otras, para denunciar la injusticia de nuestro sistema penal, para poner un alto a la violencia en las cárceles y para acompañar a sus víctimas: presos y familiares de presos, hundidos por aquellos verdaderos basureros sociales que son nuestras cárceles. Pero se organizó desde la no violencia. César no condena a los gendarmes, los compadece un poco y los perdona. Ellos también son, desde su mirada, víctimas de un sistema que mata. César no condena a las personas, pero sí condena y denuncia la violencia.

Dice que la violencia no es el camino, que tenemos que construir este país de otra manera: desde el respeto que nos permite reconocernos iguales, desde una mirada humanizadora que sepa ver a la persona digna que habita detrás de actos condenables. César ha sabido reconocer personas allí donde la mayoría de nosotros ve sólo individuos indeseables y basura social descartable. César no ha caído en la trampa que divide al mundo entre víctimas y victimarios, entre buenos y malos, entre honrados y delincuentes.

Sin duda, no es un ingenuo. César practica en su vida diaria lo que la tradición política occidental conoce como la no-violencia activa. Se diferencia de aquellos no-violentos pasivos, que gritan paz pero olvidan la justicia. De los que vociferan a favor de la paz no porque realmente les importe, sino porque están cómodos y no quieren que las cosas cambien.

La paz de César no es una paz cómplice, sino una paz activa. Es la paz de los grandes líderes del siglo XX: Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. Es la paz de Monseñor Romero, de Pepe Aldunate y el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo. Es la paz de Jesús, que nos enseñó a ser como el Padre Dios, que hace salir el sol sobre buenos y malos, porque siempre se da, porque no pierde la esperanza en la humanidad.

Cuando perdemos la fe en los demás, comenzamos a creer que la violencia es un medio efectivo para alcanzar el ideal de sociedad que soñamos. O, simplemente, le entregamos el país a los violentos, mirando como espectadores pasivos lo que otros destruyen, siempre justificados por buenos argumentos y escudados detrás de nobles causas.

Falta en Chile un gran movimiento no-violento, que nos sacuda de estructuras que dividen y nos permita hacer camino decidido y radical hacia la utopía del Reino, de aquel mundo reconciliado en que la paz y la justicia se besan, abrazándonos a todos en nuestra común humanidad.

Fuente(s): territorioabierto.jesuitas.cl

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Copyright © . La Gran Paradoja Todos los derechos reservados. QPlantilla © design by neronsn Acerca del Sitio // Politica de Cookies // Sitemap // Contacto // Ir Arriba