"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

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Los temores de Epicuro en nuestros días
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Epicuro de Samos fue un filósofo griego que vivió entre los siglos III y IV antes de Cristo. Su filosofía se basaba principalmente en la búsqueda de la felicidad y consideraba que había cuatro aspectos o motivos que privaban al ser humano de ella; es decir que provocaban infelicidad.

Éstos cuatro temores de Epicuro serán los tratados en esta entrada, viendo como aún después de 24-25 siglos, estos temores todavía están presentes en la sociedad y buscamos a toda costa algo para solucionarlos. Podréis pensar que después de todo, esto es algo normal: todos los seres humanos queremos ser felices; pero el problema llega cuando acabamos con estos temores utilizando pseudociencias… Epicuro de Samos

Antes de nada vamos a ver cuales son estos cuatro temores de Epicuro:
  1. Temor al destino.
  2. Temor a los dioses.
  3. Temor a la muerte.
  4. Temor al dolor.
Epicuro daba soluciones filosóficas para resolver estos problemas, las cuales forman parte de la enseñanza filosófica de la que es creador: el epicureísmo. Sin embargo en esta entrada tan solo trataremos por encima lo que decía Epicuro, para centrarnos así en buscar qué hacemos ahora los seres humanos para librarnos de estos cuatro temores. Vamos a ir viéndolos uno a uno siguiendo la lista anterior.

El temor al destino es sin duda uno de los mayores miedos de la humanidad. Desde el comienzo de nuestra raza, nuestra propia supervivencia ha dependido siempre de lo bien o mal que el chamán, adivino, o brujo de turno “leyera” las estrellas o la naturaleza. La comida no abundaba y las épocas de cultivo, así como las de recogida, estaban marcadas por una cierta predisposición de las estrellas. Poco a poco los seres humanos fuimos aprendiendo a leer el firmamento para optimizar nuestros recursos. Con el tiempo este “arte de adivinación” pasó a conversirse en la astronomía/astrología (no os sorprendáis de verlas juntas porque en un principio ambas tuvieron relación). A partir del Renacimiento (siglo XV y XVI) ambas disciplinas se separan quedando la astronomía destinada a la observación científica del firmamento y sus astros, mientras que la astrología permanece siendo lo que ya era, un arte de adivinación.

En nuestros días, esta arte de adivinación llamada astrología es lo que da la respuesta al miedo al destino del que Epicuro nos habla. El utilizar una pseudociencia, cuyo funcionamiento está demostrado una y cien veces que es nulo y erróneo, para tratar de adivinar el futuro inmediato de las personas es algo que carece de sentido, pero que ahí está. Y desgraciadamente mucha gente confía en ella…

El segundo de estos miedos es el temor a los dioses. De este creo no hace falta hablar mucho ya que todo el mundo verá que la religión es la respuesta a este temor, pero os comentaré un par de cosas. Epicuro evitaba este temor simplemente pensando que los dioses, en caso de que existan, deben están formados por los mismos átomos que los humanos, de modo que también son vulnerables. Además negaba cualquier tipo de gobierno divino. Los humanos siempre nos hemos visto sobrecogidos cuando se nos habla de un ser supremo, superior y todopoderoso, que controla nuestras vidas. El pensar que hay un ente ahí que nos ve, ayuda y cuida siempre es un síntoma de alivio y hace que nos sintamos sin tanta responsabilidad ya que nuestras acciones y todo lo que nos sucede ocurre poque así lo quiere nuestro dios. Pensándolo un poco, esto es algo que carece de sentido. No quiero hablar de porqué existe o no un dios/varios dioses porque no es el tema de esta entrada, pero opino igual que Epicuro: un dios para interactuar con los humanos debe estar hecho del mismo tipo de átomos que nosotros, lo cual supondría que debe estar en algún lugar físico, del mismo modo que deberían estar en algún lugar físico “el cielo” o “el olimpo” donde viva. ¿Dónde se encuentran entonces?

Actualmente las religiones se encargan de mantener vivo este temor ya que amenazan a sus súbditos con el infierno, el dolor, el pecado, y toda una vida llena de penitencia. Además existe un gobierno divino que lo controla todo y al que hay que adorar, venerar y servir para no ser un infiel. Todas las religiones se sostienen sólamente en una cosa que carece de sentido crítico y científico: la fe, de modo que la religión (ya sea disfrazada de creacionismo o diseño inteligente) es nuestra segunda pseudociencia.

Continuamos ahora con el temor a la muerte. Epicuro dice que la muerte es algo que nos va a suceder a todos antes o después de modo que carece de sentido temerla, pero aún así los humanos lo hacemos y debido a nuestra curiosidad tratamos de entenderla, recurriendo en ocasiones a métodos absurdos. El volver a hablar con un ser querido ya fallecido, o incluso con un personaje famoso de la historia, es algo que a todo el mundo le gustaría hacer. Obviamente esto es algo imposible, pero hay gente que se empeña en intentarlo y lo hacen mediante el espiritismo. Hay diferentes maneras de “contactar” con el reino de los muertos, como puede ser la ouija, las psicofonías, o las apariciones; pero el resultado siempre es el mismo: todo lo que ocurre nos lo imaginamos o somos víctimas de un fraude. El ser humano tiene un poder de sugestión enorme y bajo ciertas circunstancias puede ser muy fácilmente engañado, incluso pudiéndose engañar a sí mismo (véase efecto ideomotor). No hay nadie capaz de contactar, y mucho menos de hablar, con los muertos; las supuestas voces registradas en las psicofonías no son más que meros ruidos que los “investigadores de lo paranormal” interpretan a su antojo; y las apariciones se tratan en su inmensa mayoría de fraudes.

Así pues, actualmente los seres humanos nos aferramos al espiritismo como última oportunidad de contactar con nuestros fallecidos, cosa que jamás conseguiremos ni contratando al mejor medium del mundo. Esto se debe a la sencilla razón de que tras la muerte no hay otra vida ni nuestra mente/alma pasa a otro plano de existencia, o cosas similares. Es imposible contactar con alguien porque sencillamente no hay nadie “al otro lado”. El espirituismo es por tanto la tercera pseudociencia de nuestra lista.

Y ya para terminar vamos con el temor al dolor. A ningún ser humano le gusta el dolor, de modo que siempre tratamos de huir de él. Esto era una de las reglas que Epicuro elaboró para evadir este temor: rehusar el dolor. Para conseguir librarnos del dolor han existido desde el comienzo de nuestra especie diferentes remedios herbáceos, ungüentos y demás tratamientos naturales, que han tratado de curar a las personas cuAcupunturaando caían enfermas. En un principio el chamán, brujo o hechicero de las tribus se encargaba de esto, aprendiendo gracias a la experiencia y el tiempo que tipo de hiervas eran más eficaces y cuales no funcionaban. Hasta el comienzo del Renacimiento los remedios naturales, así como las terapias con acupuntura y otros artes orientales, convivieron juntos en su intento de curar a los seres humanos. Sin embargo, a partir de entonces comenzó el desarrollo del análisis crítico y científico del cuerpo humano y de las enfermedades que le afectaban. De este modo los remedios naturales se eligieron adecuadamente estudiando la naturaleza química de los mismos y haciendo diferentes pruebas a pacientes. Esto acabó convirtiéndose en la actual medicina y farmacología. El resto de terapias naturales, como la acupuntura, siguieron su propio camino y no se subieron al carro de la ciencia. De este modo utilizan métodos y conocimientos antiguos que en su inmensa mayoría son erróneos debidos al desconocimiento de la anatomía del cuerpo humano.

Actualmente el número de terapias alternativas a la medicina convencional ha aumentado sobremanera, siguiendo cada vez procedimientos más extraños. Está demostrado que estas terapias no son eficaces y lo único que hacen es ralentizar la cura mediante los métodos médicos, pero aún así, la gente acude a ella en multitud de ocasiones. Vemos por tanto como el temor al dolor que nos planteaba Epicuro sigue presente hoy en día, y la gente acude a terapias alternativas para tratar de apaciguar su dolor, cosa que rara vez consiguen. En definitiva, la cuarta y última pseudociencia de nuestra lista es el conjunto de todas las terapias irracionales alternativas a la medicina.

Al llegar al final de este artículo, espero que os haya entrado la misma pregunta que a mí cuando estaba escribiéndolo. ¿Cómo es posible que en una civilización moderna como la nuestra, infinitamente más avanzada tecnológica y científicamente que los griegos del siglo III antes de Cristo, todavía sigamos recurriendo a explicaciones pseudocientíficas e irracionales para tratar de dar una respuesta al mundo que nos rodea y a los temores que nos surgen como humanos? Yo personalmente no consigo encontrar una respuesta coherente…

Fuente(s): wisphysics.es

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