"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

Lectura destacada

La nueva guerra en el Congo. ¿Hasta cuándo?

Capitalismo y el dilema del prisionero
Compartelo en
Pin It

La teoría de juegos es un nuevo campo de estudio, con aplicaciones en biología, economía, política e incluso militares, elaborado después de la segunda guerra mundial. Fue elaborada por matemáticos, y estudia las estrategias a seguir en situaciones predeterminadas.

Según sus valedores hay una estrategia óptima en determinadas situaciones de interacción que se estudian de forma científica. El creador de la teoría de juegos, John Von Newmam, se inspiró en el juego del poker y en las estrategias que seguían los jugadores. Así esta teoría reduce hipotéticas situaciones a un juego en el que dos actores compiten por obtener el mejor resultado, y tratan de aplicarlo a la realidad.

Aunque esta teoría pueda parecer fútil, una muestra de la importancia que se le daba es que Estados Unidos creó una agencia gubernamental, financiada con una partida de los presupuestos de defensa, destinada a investigaciones relacionadas con la teoría de juegos a la que se pretendía dar aplicaciones militares durante la guerra fría. Es decir, se contrato a una serie de científicos que intentaran anticiparse a las estrategias de la U.R.S.S y elaborase posibles respuestas. La agencia se llamaba RAND, y asesoró al gobierno norteamericano en cuestiones tales como la crisis de los misiles de Cuba, la guerra de Corea, la carrera armamentística y procesos de desarme nuclear.

La teoría de juegos parte de diversos supuestos, como que los actores que participan en el juego son racionales y actúan de forma egoísta buscando maximizar sus ganancias. El juego arquetípico que desarrolló Von Newmam es el de el reparto del pastel: dos niños quieren repartirse un pastel, y cada uno actuara de forma egoísta para llevarse la mejor parte, así pues se plantea el problema de repartírselo de forma que los dos queden conformes con el resultado y no protesten. La solución es que uno parta el pastel en dos trozos y el otro niño elija, de esta forma el que parta el pastel intentará hacerlo en dos mitades lo más iguales posibles para que el otro niño no se lleve un trozo más grande; así los niños actuando de forma egoísta llegaran a la solución óptima.

Véase la cercanía esta teoría con la ideología liberal o el darwinismo, donde cada actor mirando por su propio interés de forma egoísta obra de la mejor manera posible de cara a la economía o su supervivencia respectivamente. De hecho esa teoría también tiene aplicaciones en ciencias económicas y biológicas como ya hemos mencionado.

Pero pronto la teoría de juegos llegaría a resultados más estremecedores. El ejemplo más conocido es el llamado dilema del prisionero ideado por Merrill Flood y Melvin Dresher. El juego sigue el siguiente planteamiento: dos atracadores de un banco son atrapados por la policía e interrogados por separado; la policía no tiene pruebas y ambos lo saben, por lo tanto si no confiesan salen libres. Pero si uno de los dos confiesa obtiene una reducción de condena, cumpliendo solo un año, mientras que su cómplice cumple diez ¿Cuál es la mejor estrategia a seguir teniendo en cuenta que ninguno de los dos sabe lo que hará el otro? La solución óptima es la que se llama cooperación de los dos: ninguno confiesa y salen libres. Sin embargo si confiesa uno y el otro no se produce el peor resultado posible para aquel que coopera; por lo tanto la opción de delatar al cómplice es demasiado tentadora para minimizar riesgos a la vez que la de cooperar conlleva un gran peligro. Según los autores de este dilema la solución “racional” es la de inculpar al compañero porque si no te expones al peor resultado posible.

En los juegos de la teoría de juegos se suele puntuar las diferentes soluciones teniendo en cuenta lo optimo de las estrategias, de esta forma se pretende visualizar los mejores resultados. Así en el dilema del prisionero las puntuaciones serían (2,2) para cuando cooperasen ambos jugadores indicando cada uno de los dígitos la puntuación de un jugador, (1,1) para cuando ninguno cooperase y (3,0) para cuando el segundo cooperase y el primero le traicionase. De esta forma, aunque ofrece mejor puntuación la cooperación mutua que la traición de ambos, la opción de traicionar es muy tentadora porque puede suponer la mejor puntuación de todas si el oponente colabora, Y también la opción de colaborar comporta el riesgo de sacar la puntuación más baja. Sin saber la estrategia que seguirá el otro jugador la estrategia de traicionar siempre mejora la puntuación, por lo que según los creadores del dilema es la estrategia racional.

Esta es una versión del dilema del prisionero, pero hay más. Basta con que la opción de desertar (delatar al confidente) sea tan ventajosa para cada jugador que te aleje de la situación ideal. Otro ejemplo sería este: dos potencias nucleares están negociando un desarme, cada potencia medita por separado si cumplir lo pactado o no porque si solo se desarma una quedaría sometida a la otra. Por lo tanto aunque la solución óptima sería que las dos se desarmaran ninguna de las dos lo hará por miedo a la otra, la estrategia racional dicta no desarmarse para no acabar a merced de su competidor. Sabemos que durante la guerra fría EEUU se guió por esta estrategia asesorado por la RAND.

Pero la teoría de juegos también ha recibido muchas críticas por parte de algunos investigadores. Entre otras cosas se argumenta que no siempre se ajusta a la realidad. Un ejemplo puede ser el experimento que realizó Merril Flood para comprobar si la Teoría de juegos se ajusta a la realidad. Se ofreció a una secretaria 90 dólares o bien 150 – una cantidad alta para los años 50 – si acordaban la manera de repartirlo con una segunda secretaria. La ventaja en este juego la tenía la primera secretaria puesto que en cualquier caso se llevaba una cantidad de dinero. La solución “racional” según la teoría de juegos consiste en repartir el dinero de forma que la primera secretaria se llevase 100$ y la segunda solo 50$, llevándose en cualquier caso la primera más puesto que si no llegaban a un acuerdo de todas formas se llevaría dinero. Sin embargo el resultado fue que decidieron repartirse el dinero equitativamente llevándose cada una 75$ y dejando de ganar la primera secretaria dinero.

De este experimento se pueden extraer diversas conclusiones según se interprete el resultado. Merril Flood concluyó que las secretarias no se habían atenido a un comportamiento racional a la hora de maximizar los beneficios. Quizás observándolo desde otra óptica podamos intentar comprender la aptitud de las secretarias. Al fin y al cabo ambas tenían que convivir después del experimento y acoso tuvieron en cuenta otros aspectos además de la simple ganancia monetaria; tal vez la consideración de aspectos sociales, que acoso también suponen algún tipo de ganancia, tuvo un peso en el resultado. En tal caso pudiéramos preguntarnos si el concepto de racionalidad que usa la teoría de juegos no es demasiado restrictivo.

Habría que preguntarse si la teoría de Juegos, a pesar de las aplicaciones que ofrece, no tiene un importante sesgo ideológico. Parece que no pretende comprender la realidad social tal cual es, no opera como una hipótesis científica, que interroga la realidad para dilucidar el comportamiento real de los actores implicados, más bien busca la forma óptima de intervenir en el teatro social maximizando las ganancias; esto implica modificar el comportamiento según un criterio de racionalidad ya dado. Efectivamente esta disciplina parece más interesada en hallar las estrategias óptimas para aplicarlas a diversas situaciones que desvelar las que realmente se dan. Y en este sentido la racionalidad que se busca es un concepto instrumental orientado a optimizar las decisiones. No describir los modos de comportamiento y las estrategias que tienen lugar nuestra vida diaria. De ahí que las principales aplicaciones de la teoría de juegos sean militares o la gestión de la toma de decisiones en empresas, gobiernos o instituciones públicas.

Hay que hacer notar también que si bien uno de los supuestos de la teoría de juegos es que el comportamiento de los actores es racional, no es la única racionalidad que se puede dar. No se trata del concepto de racionalidad ideado por la ilustración o la filosofía griega, de filósofos tales como Platón o Rosseau, sino del concepto de racionalidad liberal según el cual cada individuo debe buscar su propio interés de forma egoísta. Un ideal de racionalidad que no solo es triste sino que además puede tener consecuencias indeseables. Para mostrarlo vamos a acudir de nuevo al dilema del prisionero, el modelo estrella de la teoría de juegos, e ideando dos nuevos ejemplos vamos a ver los aspectos más contraproducentes.

Supongamos primero que en un determinado país del mundo hay varios empresarios – constructores por ejemplo – compitiendo por hacerse con el máximo volumen de negocios posible. Las empresas buscan un crecimiento continuado para no ser engullidos por sus rivales. Ahora bien, los economistas contratados por dichas empresas saben perfectamente que el crecimiento ilimitado por siempre es imposible: la capacidad de la demanda es limitada y no todas las empresas podrán vender cada vez más productos – o los mismos productos continuamente mejorados – porque antes o después se saturara el mercado, habrá un stock y a la etapa de expansión le seguirá otra de recesión o crisis económica.

Para evitarlo o paliar en lo posible las consecuencias adversas de la recesión las empresas pueden ponerse de acuerdo y reducir la producción y repartirse el mercado. Pero han de hacerlo todas o ninguna porque si lo hace solo unas pocas las que deserten coparan el mercado y las que reduzcan la producción quebrarán. Si por el contrario deciden no llegar a ningún acuerdo y optar por un crecimiento continuo, la recesión llegará, se verán obligados a reducir la actividad productiva, beneficios y despedir gente, pero habrán recogido los beneficios de la época de expansión. La opción en la que todas desertan es peor que aquella en la que todas cooperan. Pero sin conocer o sin estar seguro de la decisión del rival la mejor decisión es desertar porque si cooperas y las otras empresas desertan obtienes el peor resultado posible (0,3); y por el contrario si desertas mientras tu rivales cooperan obtienes el mejor resultado.

Otro ejemplo: otras empresas realizan una actividad productiva y esta necesita de unos recursos; los recursos son limitados así que si mantienen la actividad productiva al máximo estos se agotaran y finalizará no solo la actividad productiva para las generaciones postreras así como la actual forma de vida. La opción de cooperar supone reducir la actividad productiva para permitir la renovación de los recursos, pero de nuevo se tienen que poner todas de acuerdo porque si una deserta los recursos se agotaran igualmente pero además una sola empresa se hará con toda la riqueza. Imaginemos que los estudios dicen que el agotamiento de los recursos y el abandono de esta confortable forma de vida ocurrirá no en esta generación sino en la siguiente: los empresarios podrían considerar que sería conveniente preservar los recursos para la siguiente generación, pero de nuevo la solución “racional” según la teoría de juegos es desertar, porque si uno solo cooperas no preserva los recursos y encima quiebra mientras se expanden sus competidores.

Ambas son situaciones esquemáticas mucho más simplificadas que las reales, pero quizás reconozcáis en ellas alguna semejanza con la realidad. En cualquier caso tienen la virtud de mostrar el sesgo que tiene la teoría de juegos. Una teoría emparentada con la ideología liberal u otras teorías científicas también polémicas como el evolucionismo de Darwin. No todo lo que se presenta como ciencia lo es, y hay que analizar todo con una conciencia crítica aunque se nos presente con el respetable barniz de esta disciplina.

fuente(s): historiasilenciada.blogspot.com

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Copyright © . La Gran Paradoja Todos los derechos reservados. QPlantilla © design by neronsn Acerca del Sitio // Politica de Cookies // Sitemap // Contacto // Ir Arriba