"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

Lectura destacada

La nueva guerra en el Congo. ¿Hasta cuándo?

La reina Cristina de Suecia y el final de Descartes
Compartelo en
Pin It

La reina Cristina de Suecia y el final de Descartes
La reina Cristina de Suecia (1626-1689) es conocida en España sobre todo por una par de cosas: porque regaló en 1654 al rey Felipe IV dos de las piezas más importantes que pueden contemplarse hoy día en el Museo del Prado (¡y eso se dice rápido!), cuales son el Adán y la Eva de Alberto Durero (1471-1528); y por la mítica película de1933 La reina Cristina de Suecia (Queen Christina), del armenio Rouben Mamoulian (1897-1987), una de las que permitieron a Greta Garbo (1905-1990) instalarse en el Olimpo cinematográfico.

Por cierto, las tablas de Durero estaban en poder de Cristina porque porque durante la Guerra de los Treinta Años, los ejércitos suecos y sajones saquearon el castillo de Praga (ya vimos que Descartes participó en la Batalla de la Montaña Blanca de 1620) y algunas obras acabaron siendo propiedad del rey sueco Gustavo Adolfo II (1594-1632) , padre de Cristina. Y digamos que si en la actualidad siguen vivas, es de puro milagro, pues en el siglo XVIII, el ignaro rey Carlos III ordenó que estas obras, junto a otros desnudos, fuesen quemadas por su contenido supuestamente obsceno: se salvaron gracias a la intercesión de algunos miembros de la corte bastantes más sensibles al arte él.

Pues bien, el 6 de noviembre de 1632 el rey sueco cayó en la batalla de Lützen, y ello hizo que Cristina se convirtiera en reina de Suecia cuando todavía le faltaba un mes para cumplir los seis años.

Fue nombrado regente el canciller Axel Oxenstierna (1583-1654) , que también se hizo cargo de la educación de la niña.

Mientras que un regente gobernó el país a su nombre, Cristina fue educada en un medio rural alejado de la corte, pero se le dio la educación que normalmente se impartía a los muchachos. Se prohibió a los extranjeros asistir al funeral de su padre, "para que no sepan de nuestra pobreza". Coronada a los 18 años en 1644, Cristina decidió corregir la desfavorable imagen que tenía Europa de su país y antes de cumpir los 30 la joven reina, que siempre fue una intelectual y tenía amplios conocimientos de idiomas, filosofía, historia, teología y astronomía, ya era famosa por su interés por la cultura y por sus labores de mecenazgo.

Hizo de su corte el centro del arte y del conocimiento del norte de Europa, trayendo de Alemania, Italia y otros lugares, músicos y artistas y gente en general de gran talla intelectual. Y en 1649 fichó a… Descartes, con quien había íniciado una correspondencia en 1647, como estrella de este firmamento de nobleza y sabiduría. La reina decidió atraer al académico francés desde su autoexilio en Holanda y nombrarlo filósofo residente de su corte en Estocolmo.

ue el embajador francés Pierre-Hector Chanut (1601-1662) quien había puesto en contacto a la reina Cristina de Suecia con Descartes, quien en ese momento investigaba sobre las pasiones del alma. Su tesis era que había una relación entre el cuerpRené Descarteso y el alma. Chanut le trasmitió a Descartes una pregunta de la reina sobre dos pasiones, el amor y el odio, quería saber cuál de estas dos pasiones es más devastadora. El filósofo le respondió que los daños causados por el amor mal dirigido eran mucho peor que los nacidos del odio, porque el mal del odio sólo se dirige hacia el objeto odiado, pero el del amor perturbado no respeta nada excepto su objeto.

Tras muchas cartas Cristina llamó a Estocolmo a Descartes, que a la sazón contaba 53 años. El filósofo cedió con renuencia ante la insistencia de Cristina, y en septiembre de 1649 abordó un barco rumbo al que llamó "el país de los osos, entre la roca y el hielo". Poco después estaba en pleno invierno dándole clases como profesor privado en la Biblioteca Real a las cinco de la mañana, pero pocos meses después —el 1 de febrero de 1650— la historia oficial dice que el filósofo y matemático francés enfermó de un resfrío que se convirtió en pulmonía aguda y de la cual fallecería en Estocolmo 10 días después, exactamente el 11 de febrero de 1650, a la edad entonces no demasiado corta de 53 años.

Siendo católico en la Suecia protestante, Descartes fue sepultado en el Cementerio de los Inocentes, normalmente destinado a niños no bautizados.

Fue enterrado casi en secreto, pero sus restos no iban a encontrar el reposo de momento (ni en un buen período de tiempo) pues Francia, —donde Descartes, gracias a su nuevo pensamiento racional, se había convertido en uno de los referentes de la incipiente modernidad— acabó pidiendo la devolución de los despojos su ilustre hijo para que descansaran en su país natal.

Así es que el cadáver estaría en Suecia sólo 16 años, pues en 1666 iniciaría el viaje de vuelta.

El 1 de mayo de ese año se procedió a la exhumación de los restos con permiso especial de la reina y según el ritual de la Iglesia Romana. Los restos se embalaron y se sellaron y fueron enviados a Copenhague dentro de un ataúd de cobre. En principio viajaba todo él, menos el dedo índice con el que se habría quedado el embajador de Francia en Estocolmo, alegando la admiración que sentía por el filósofo y diciendo que quería tener el dedo que había escrito las palabras cogito, ergo sum.

Fuente(s): sinek.es

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Copyright © . La Gran Paradoja Todos los derechos reservados. QPlantilla © design by neronsn Acerca del Sitio // Politica de Cookies // Sitemap // Contacto // Ir Arriba