"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

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Cultura: herramienta de dominio o arma de dominación
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Me encanta siempre, me fascina el concepto de cultura. ¿Qué es cultura? Cultura es el punto de ruptura entre eso que llamamos los animales, despectivamente. Nosotros, y eso que ha sido llamado la humanidad, somos más animales que ellos, incluso. Al extremo que el genio de Darwin, que postuló la teoría de la evolución, plantea que debería haber habido una intervención divina en dos momentos, al crear la vida y al crear la inteligencia. No, no, no, la inteligencia se creó, como todo lo demás, por prueba y error, es decir, a lo mejor somos el error, no se sabe si somos la prueba pero ahí vamos.

Ahora, parecería ser que en los animales, en principio, todas las soluciones ya están dadas, están programadas. Nosotros somos el ser incompleto, el ser desventurado que se tiene que fabricar sus propios programas, que tiene que inventar una solución distinta para cada cosa. Cuando tuvimos que escribir, cada quien inventó una escritura distinta, cuando tuvimos que hablarnos, a pesar de que nos han dicho, algo de lo que sospecho mucho, que las estructuras lingüísticas son las mismas y son innatas, ojalá fuera así para yo entender los poemas chinos y poder leer a Confucio en su lengua original pero no, la invención de la diversidad es lo que nos constituye como seres humanos y lo que constituye esas otras humanidades que son los llamados pueblos y naciones.

Pero dentro de esa prodigiosa diversidad de la creación humana está la creación de lo que uno podría llamar lo siniestro y lo luminoso. De verdad, toda cultura es luminosa, es salvadora, es redentora, es la cultura un instrumento de liberación del ser humano desde la animalidad y de la invención de la llegada a la verdadera historia, y es también un instrumento de sujeción. Es las dos cosas. La ambigüedad prodigiosa del hombre está en eso.

Los seres humanos creamos los medios de producción, la producción simbólica es parte de eso. El lenguaje es un medio de producción también, por más que se exasperen los estructuralistas pero es así y dentro de eso se crean infraestructuras y superestructuras. Y aquí quiero volver para darle una voltereta a esa frase luminosa de Marx y de Engels en la Ideología alemana que dice que las ideas de la clase dominante han sido las ideas dominantes en toda época porque así como la clase dominante posee los medios de producción material, fábricas, telares, minas, posee también los medios de producción intelectual, editoriales, academias, bibliotecas, etc., etc.

Pero yo creo que todavía esa frase que no se desgasta nunca, que es inagotable por su tesoro de significación, puede darnos otro sentido en cuanto a qué consiste la revolución. Así como la revolución debe consistir en retornar al pueblo, en devolver al pueblo la propiedad social y colectiva sobre los medios de producción que él mismo ha creado, la revolución cultural debe consistir en devolver al pueblo esos instrumentos de producción, divulgación, difusión cultural que le han sido confiscados por la clase dominante en todas las épocas.

Esa es la función de la cultura dentro de los procesos de integración, dentro de los procesos de resistencia. Y por eso todas las culturas son iguales, pero hay unas más iguales que otras, existen las culturas dentro de las cuales hay culturas dominantes pero resulta que hay subculturas, las culturas se fragmentan. Cada comunidad, cada grupo crea un conjunto de signos propios a través de los cuales se reconoce y a veces cuando esos signos se declaran en una incompatibilidad total con la cultura dominante aparecen las contraculturas, que son contraculturas usualmente de resistencia pero que pueden ser culturas de resistencia a la humanidad también, es decir que ha habido contraculturas siniestras igualmente.

En esa batalla la cultura, que nos parecería tan homogénea, es un producto complejo, contradictorio, es herramienta de liberación y es herramienta de dominio.

En una época se les predicaba a los esclavos que al amo, de tanto obedecer a sus amos y trabajar como buen esclavo, Dios lo había premiado volviéndolo blanco y que ellos debían hacer lo mismo con el objetivo de volverse como él. En esa época también, cuando un esclavo se suicidaba, que era la única forma de escapar de aquella opresión, se le cortaba la cabeza y los brazos porque ellos se suicidaban pensando que iban a renacer en África y entonces iban a renacer pero sin cabeza y sin brazos, condenados a vagar siempre por un continente madre que ya no podrían ver ni escuchar más nunca. Fíjense qué prodigiosa fábula, qué extraordinario es el discurso de la opresión. Yo hice una vez un ensayo sobre el discurso del privilegio, el discurso del privilegio tiene estas atrocidades y es parte de la cultura, de ese combate, así como hay clases combatientes, hay culturas combatientes; así como hay culturas de resistencias, hay culturas de opresión; así como hay falsas culturas de resistencias, hay culturas de resistencias que son en realidad aliadas de la opresión.

¿Qué debemos hacer en este cuadro? Bueno, estudiar qué elementos, qué variantes de la cultura pueden favorecer nuestra constitución como pueblos capaces de soberanía, capaces de independencia para favorecer y cultivar y hacer crecer esas ramas de la cultura, no censurar las otras sino favorecer ésta ¿y qué hacemos dentro de este mundo? Fíjense ustedes si será tan cierto que las ideas de la clase dominante son las dominantes en todo tiempo que casi cinco trasnacionales se reparten la información y el poder de divulgar y decir qué es verdad y qué es mentira en todo el mundo occidental.

Que en Europa, sede de la cultura, resulta que de cada tres películas que se exhiben, dos son estadounidenses, que prácticamente la segunda fuente de ingresos de EEUU, aparte de una cosa tan feroz como el armamentismo, es el armamentismo cultural, lo que ellos llaman la internomix, son los ingresos por entretenimiento, por las patentes de entretenimientos, y que nuestros sistemas de comunicación repiten más o menos en un 60, 70% simplemente los contenidos que nos envían desde afuera. Es decir, es todo de eso, estamos como en aquella época, viviendo del continente americano y preocupadísimos por lo que estaba escribiendo, pongamos por caso, Alois Beltrán sin darnos cuenta que teníamos al lado a Borges.

Bueno, ¿qué hacer ante esa perspectiva? Yo siempre sostengo que América Latina es un continente milagrosamente propenso o dotado de las herramientas para una integración. Una integración cuyo germen fue dado a través de toda la experiencia atroz del genocidio americano, pero siempre digo que las herramientas que el enemigo utiliza contra nosotros debemos apropiarlas y usarlas contra ellos, así como el mismo imperio apropió el rock, que es en realidad un blues de 12 compases, que es la voz de los oprimidos, y lo utiliza ahora como ambiente musical del imperio, a pesar de que en algún momento los primeros cantantes de rock fueron contestatarios. Entonces hay que utilizar esas apropiaciones y reprobaciones, en la cultura como en el amor y en la guerra, se vale todo, siempre que la intención sea buena.

Ahora piensen ustedes en América Latina frente a África. En África hay más de 60 países. Nosotros completamos la obra prodigiosa de convertir cinco virreinatos y cinco capitanías en casi una treintena de estados, pues no, África tiene más de 60 estados actualmente, no doy la cifra exacta porque cada día nace uno. Nosotros nos entendemos aproximadamente en dos lenguas romance, lo que no niega la extraordinaria riqueza lingüística y de lenguas vivas que hay en América Latina, pero tenemos esa comunicabilidad.

En África no solo hay millares y millares de lenguas tribales sino que unos fueron colonizados en francés y otros fueron colonizados en castellano, en África Saharaui, y otros en alemán, y esas lenguas son obstáculos vivientes a la integración. Aquí nos “medio entendemos” en una religión, claro, con las diversidades que hay y las religiones originarias que afortunadamente todavía existen. Pero somos ateos, incluso, de una religión. Por ejemplo, yo en lo que no creo es en el catolicismo, es decir, yo en eso soy un ateo castizo, no voy a dignarme a descreer de otras religiones que no tienen seriedad, como el anglicanismo, pues ¿a quién se le ocurre ser ateo con respecto al anglicanismo? Eso no, eso es una pérdida de tiempo, hay que ser ateo con respecto al catolicismo cuando se es.

Mientras que, por ejemplo, en África hay una inmensa diversidad de religiones impuestas por colonizadores diversos. Están, de un lado, el elemento musulmán, por el otro lado, el catolicismo, por el otro, el protestantismo, por el otro lado, la inmensa cantidad de religiones tribales que subsisten y fíjense cómo a veces estas especificidades culturales son manipuladas. Tuvimos hace poco un ejemplo en Ruanda de cómo una etnia intentó aniquilar y sacar de la existencia a otra etnia en función de supuestamente válidas razones étnicas o culturales. Se cometió uno de los grandes genocidios de la tierra demostrando también que los oprimidos pueden ser engañados para volverse contra sí mismos. Piensen ustedes las posibilidades de integración de Asia, la diversidad entre la cultura China y todo ese conjunto de pueblos muy diversos que integró la Unión Soviética en una época y también el gran Imperio Ruso, de todas las Rusias. Y piensen que en la propia China. “Agua” se dice en cada sitio de China de una forma diferente, hay como una treintena de formas de decir agua pero se escribe de una sola manera.

Eso creó China y por eso China es que va camino a ser la primera potencia del mundo, es decir, se encontró una solución integradora. Piensen ustedes el inconcebible caos europeo y sin embargo cómo Europa llegó a integrarse. Yo creo que Europa llegó a integrarse por el golpe de las ocupaciones, porque una mitad de Europa quedó ocupada por los soviéticos y la otra mitad por los Europeos y aprendieron finalmente la lección. Así como los griegos se negaron totalmente a integrarse hasta que los conquistaron los macedonios y después a los macedonios los conquistaron los romanos y después los conquistó todo el mundo hasta los turcos. Por allí había una oyente la noche anterior que se quejaba de una espantosa masacre contra los armenios, eso fue ejecutado por los turcos, que además no solo exterminaron armenios sino también, cuando les entraba una cosa volátil, se la aplicaban también a los griegos y sin embargo se logró unir Europa, posiblemente por la lección repetida, el yunque, es decir los golpes contra ella e integró ese conjunto superior que ha evitado que el mundo caiga o ha sido uno de los factores que ha evitado que el mundo caiga en una unipolaridad total. Entonces diría uno que, en ese sentido, el camino del mundo actual tiene que ver con esfuerzos de integración y consolidación cada vez mayores de pueblos que tengan las suficientes conexiones o ínter comunicabilidades culturales como para sentirse próximos o sentirse hermanados por esa creación que es la cultura.

Ahora, ¿implica esto un elemento culturalista o separatista? No, yo creo que la humanidad es una sola, genéticamente es lo mismo, aun con los chimpancés nos separan tan pocos genes, y yo creo que en algunos casos muchísimos menos, que pretender que hay seres humanos que son diferentes de otros en el sentido de que antes se sentía de pueblos o de razas es absurdo. Nuestra cultura tiene dos aspectos: La cultura es ante todo una creación particular, propia, idiosincrásica. Ése es el primer elemento de la cultura pero, como el mundo es dialéctico, es también comunicable.

Las dos maravillas de la cultura son esas, crean lo único pero un único que se puede hacer universal a través de las comunicaciones. Por un accidente le di a una piedra tratando de romperle el cráneo a una persona, saltó una chispa, inventé el fuego, ahí está el primer milagro. El segundo milagro es que le haya podido contar a alguien que si tú le das a una piedra con otra, tratando no de matar al prójimo, sale una chispa, gracias a eso estamos calientitos hoy, tenemos esa variante del fuego allá arriba.

La posibilidad de que las milagrosas diversidades de la cultura sean comunicables y se vuelvan patrimonio de todos, que sean socializables, es la base de la integración primero de las grandes regiones de la tierra y de la integración final que va a venir para la humanidad cuando podamos cantar todos esa célebre melodía que dice que en un momento La Internacional será la unión de todos los pueblos, es decir, de toda esa cosa que llamamos la humanidad y si llega un extraterrestre mientras tanto ¡también!, no hay que ser excluyente. En ese sentido, sí estamos en una batalla por las integraciones pero también una batalla por las integraciones en las cuales tenemos con esa misma dialéctica que hacer valer a nuestro favor lo idiosincrásico.

Ha habido en América Latina y el Caribe toda una batalla y un plan imperial para utilizar lo idiosincrásico contra nosotros. ¿Quién no sabe lo que pasó en Nicaragua? ¿Y quién no ha oído la historia de los mizquitos desde el siglo XIX? Inglaterra tenía una batalla con EEUU para apropiarse de Centro América porque allí, desde Vasco Núñez de Balboa, estaba la idea del canal y repentinamente los ingleses, que son tan generosos, crearon un reino de Mizquitia, ¡qué casualidad! ¡Ingleses protegiendo indígenas! Eso ha tenido tan larga duración que repentinamente el conflicto de la revolución nicaragüense tuvo que ver con una desviación de un movimiento que pretendía representar a los mizquitos y que creó un incidente en ese sitio.

Piensen ustedes que Evo Morales está enfrentado a un plan secesionista y que repentinamente, como de milagro, aparece un pronunciamiento secesionista de unos grupos que dicen representar a cinco naciones indígenas, entre otros los guaraníes, ¡pero qué extraños esos indígenas que únicamente insurgen contra procesos revolucionarios! Así como se queda uno en la nebulosa al ver que cuando Correa está intentando ratificar la soberanía del país y desesperado en una lucha constitucionalista, un movimiento llamado el Payacutic le declara la guerra a muerte a Correa, ¡pero qué extraño! Entonces quiere decir que hay un uso posible ambivalente de ciertas identidades. Es positiva la pluralidad cultural pero la pluralidad cultural que tienda a la comunicación y no al encierro, que tienda a decir que un rasgo cultural es una cosa compartible por todos y no una cosa que me pertenece porque yo desciendo por sangre de fulano de tal.

Vengo a decirles que yo desciendo por parte de sangre materna de una comunidad caribe. Además creo que soy uno de los pocos que sabe navegar el caribe en los esquifes en los que navegaban mis antepasados, que sé sobrevivir en las aguas del Caribe, que me sé defender en los mares y sé vivir dentro de esa geografía. Pero mi idea de la Nación Caribe sería una integración que cubriera otra vez desde las bocas del Singú a centenares de kilómetros al sur del Amazonas hasta toda la periferia del Brasil cubriendo la costa venezolana y parte de la colombiana, más todas las islas de las Antillas hasta el arco de las Antillas y las Bahamas y la Florida.

Esto fue lo que hicieron los caribes en una época, crearon una integración que no era un imperio porque no tenía mando central pero formularon una comunidad de pueblos que se entendían, tenían, compartían una religión, sabían lo que era el señor de las aguas Acuodumo, el señor de la multiplicidad y la diversidad, el señor de la muerte Llorosca, el dueño de la más importante guara del mundo, porque los muertos son más que todos nosotros; el señor de las cumbres, el amo de los delirios y de los chamanes y el señor de los cielos, que era Captano Monca, una constelación que todavía vemos y que los herejes llaman Orión, incluidas las Tres Marías.

Todo ese universo simbólico regía una porción que cubría los dos tópicos de América. Cuando el nombre de los caribes es invocado yo quiero que sea, no para dividir en pequeñas islas, ni para ir contra los grandes proyectos integradores sino que sea un motor de la integración y la reintegración. Y no por casualidad los Caribes fueron entre las etnias indígenas los que dieron la más extremada, vigorosa y heroica resistencia a la conquista; resistencia que duró más de 300 años. Algunos pueblos dejaron de luchar, otros simplemente se entregaron a la muerte, y los Caribes seguían combatiendo. Los caribes crearon incluso nuevos pueblos porque esa es la idea de la integración. Cuando los cimarrones huían se iban con los caribes y entonces aprendían las artes de la pesca, las artes de la navegación. Se tiñeron el cuerpo y crearon otra nación, los Garifunas, que hablaban con lengua en parte africana y en lenguas caribes y que se extendieron por el caribe hasta que fueron también usadas por las potencias imperiales para sus guerras. Yo he encontrado garifunas hasta en Nueva Orleáns en EEUU.

Esa es la diversidad de ese fenómeno, un fenómeno que tendió a integrar, a extenderse, a expandirse, a conservar, a través de la presentación cultural y del idioma, unas unidades cada vez mayores y que podrían ser reinventadas o reutilizadas y no a caer en el juego de las fragmentaciones, es decir, en el juego de que “yo soy únicamente yo”, que además tengo determinada sangre y que, en virtud de que utilizo determinado idioma, no quiero saber absolutamente más nada con nadie. No. Eso nos lleva entonces al juego de las integraciones, fíjense ustedes, dentro de nuestro planeta los imperios han utilizado siempre lo que se podría llamar hoy ecúmenes, credos ecuménicos. Todo eso que se llamó la antigüedad clásica dominó el mundo en su época porque creó una ecumenicidad que para la gente culta era el credo humanístico pero atroz del estoicismo.

La idea era que todos los hombres eran iguales o igualables porque tenían el lenguaje de la razón, así como una persona podía entender cualquiera de los teoremas de Euclides, todos eran iguales, exactamente, pero al mismo tiempo, esa era una ecumenicidad sin esperanza. El estoico pensaba que el mundo se iba a acabar en un cataclismo que había ocurrido millones de veces consecutivamente y que solo había que soportar sin alegría y sin pavor las incidencias de la vida. Ese credo que sirvió para la expansión del imperio romano de la antigüedad clásica era un credo absolutamente helado, tan helado como el credo del liberalismo, contra ése insurgieron toda una serie de ecumenicidades y en algún momento surgió la del cristianismo. El cristianismo lamentablemente terminó siendo también un instrumento de imperio pero representó en un momento a los oprimidos, a los excluidos, como dice el sermón de la montaña, a los pobres. Fue una esperanza.

Para mí estamos en un punto de inflexión en el planeta en el que hay una ecumenicidad espantosa que es el juego suma cero, el capitalismo. Ya está bien expresada, no hay historia, no hay ética, no hay estética, no hay esperanza, no hay nada de eso, lo único que hay es una sumatoria de cifras que tiende a extenderse por medios absolutamente ciegos y que siempre le ganará a la humanidad porque la humanidad juega con pérdidas. La humanidad se deja desviar por el amor, por el sentimiento, por la locura, por el sueño y el capital no sueña, el capital acumula.

Yo he estudiado mucho a los piratas y he escrito mucho sobre ellos y cada vez me he dado cuenta de que la mentalidad del pirata es exactamente la misma del capitalista y la de los libertinos de Sade, vale decir, nada puede obstaculizar el camino entre mi deseo y el objeto del deseo, sencillamente eso, esa es la ética del capitalismo. La humanidad frente a ese monstruo que ha creado (porque, como todas las demás cosas, el capital, el dinero, es una creación de la humanidad que se ha revelado contra ella) tiene que crear otra ecumenicidad que frente a la razón instrumental oponga la razón humanística, que frente al consumismo oponga la preservación del mundo, que frente a la acumulación oponga el compartir, que frente a los juegos de la muerte, la sumatoria del juego suma cero (ese es un juego categorizado por un matemático llamado Noiman) establezca el otro juego, el de compartir, el juego en el cual todos ganan, mientras que en el juego suman cero la ganancia de uno es la pérdida del otro irremisiblemente. Hay que pasar de un sistema matemático a otro sistema matemático y reivindicar las matemáticas para la humanidad.

Entonces la cultura es el instrumento fundamental de ese juego, la cultura es la fórmula de operación, es lo que nos hace sentir hermanados o distintos, lo que nos lleva a excluir o a incluir. La cultura es esencialmente el código de funcionamiento de esa máquina llamada el ser humano y de esa súper máquina llamada la humanidad, el combate por ese código va a decidir nuestra destrucción o nuestra liberación definitiva y yo apuesto por la liberación.

Fuente(s): centrocultural.coop

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