"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

Lectura destacada

La nueva guerra en el Congo. ¿Hasta cuándo?

La Cruz de Borgoña, esa antigua bandera de España
Compartelo en
Pin It

Hoy es un día soleado en aquel trozo de mundo. Los muros del castillo de San Marcos reposan bajo el sol y sus cañones, aunque conservan un porte amenazador, hace muchos años que olvidaron los sonidos de la guerra. Sobre la imponente mole de piedra caliza, una bandera blanca con un aspa roja ondea movida por el viento que se cuela desde la bahía hacia la ciudad de San Agustín, que se extiende a lo largo de su península decorándola con un paisaje urbano que ha visto muchos vientos y algún que otro siglo.

Estamos en Florida, Estados Unidos, pero no son las barras y estrellas las que coronan la fortaleza silenciosa, sino la Cruz de Borgoña, esa equis, la misma que aparece en el comienzo del mensaje de Navidad del Rey de España o en la cola de un Eurofighter que acaba de aterrizar en Morón de la Frontera, en este mismo día, también soleado en este otro trozo de mundo. Si ponemos a funcionar la máquina del tiempo podremos ver la cruz aspada unas cuantas veces más. Así que empezamos… Año de destino: 1506.

Felipe, el rey de Castilla, acaba de morir súbitamente a sus 28 años. El Hermoso, marido de la renia Juana, había llegado a España desde su tierra natal en Flandes y eligió como símbolo una evolución de la Cruz de San Andrés, la Cruz de Borgoña, la cual representaba a su madre, María de Borgoña. La repentina muerte del rey flamenco y la supuesta locura de Juana llevarían a que el joven Carlos de Habsburgo ocupase el trono español y se ciñera la corona de Emperador del Sacro Imperio lo que, sumado al resto de la herencia territorial que recibió, le convirtió en uno de los soberanos más poderosos de la Historia.

España iniciaba así su etapa imperial y, se cree que pocos años después la Cruz de Borgoña debutaba en los campos de batalla en manos de las tropas españolas que derrotaron al ejército francés de Francisco I en Pavía. La primera victoria de muchas, que llevarán a los Tercios Viejos españoles y su bandera a desangrarse en las guerras de medio mundo y convertirá al aspa roja en el símbolo del Imperio.

Un segundo pequeño salto en el tiempo nos traslada a 1565 y otro en el espacio nos hace caer en el Nuevo Mundo. El asturiano Pedro Menéndez de Avilés comanda una expedición militar española con el objetivo de mantener una presencia permanente ante la amenaza que suponen para los territorios españoles los franceses instalados cerca de sus posiciones. Si saltamos sólo unas semanas veremos cómo junto al mismo océano que llega a bañar las cosas ibéricas las oraciones de los españoles dan gracias por la victoria: se funda San Agustín de La Florida, el que hoy en día es el asentamiento europeo más antiguo de los Estados Unidos que permanece aún poblado.

El tiempo, obstinado, no se detiene hasta 1785. La estrella de España pierde brillo y el despotismo ilustrado borbónico transforma la fachada de la piel de toro poco antes de que el mundo empiece a saltar en pedazos en una prisión parisina. Carlos III promulga el Real Decreto que instituye la bandera rojigualda como pabellón nacional, con aplicación a la Marina.

El uso de la Cruz de Borgoña comienza a decaer y en 1843 se oficializará la presencia de la bandera que conocemos actualmente en todas las unidades militares españolas, aunque la cruz seguiría usándose en diferentes enseñas militares, sería utilizada por los carlistas en las sucesivas guerras peninsulares del siglo XIX y algunos movimientos tradicionalistas tratarían de apropiársela.

Y hemos llegado al final del viaje. Hoy en día la cruz de San Andrés es el distintivo de cola de las aeronaves del Ejército del Aire de España, el símbolo de María de Borgoña está presente en el escudo del Rey de España, y las banderas de Huesca, Logroño, Florida, Alabama y de varios departamentos de países sudamericanos, entre otras, muestran también el Aspa de Borgoña, la que durante siglos ondeó en las victorias y se arrastró por el fango de las derrotas de un país que luchó contra todo y contra todos, la misma que sigue ondeando al viento de aquella bahía americana en la que un puñado de valientes y locos a partes iguales escribieron su capítulo de la Historia. En rojo y blanco.

Fuentes(s): cornisa.net

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Copyright © . La Gran Paradoja Todos los derechos reservados. QPlantilla © design by neronsn Acerca del Sitio // Politica de Cookies // Sitemap // Contacto // Ir Arriba