"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

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Budismo y Budismo Zen: ¿Religión o Filosofía?
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En el orden de las nuevas ciencias de la religión, dentro de la mayoría de investigadores occidentales, ciertamente el hinduismo, primero, generó mucho interés por la variedad, complejidad y esteticismo de sus mitos y tradiciones; mientras que el budismo se hizo interesante por su acento en lo intelectual, su falta de fe en objetos trascendentes o dioses y el incentivo de la volición en sus prácticas ascéticas y meditativas.

Aunque el budismo fue culturalmente tomado como bandera para la denominada “generación beat”, o incluso se entendió como opción mística dentro de diversas tendencias hippies o justificadoras del uso de estimulantes, hay que asumir la necesidad de entender y presentar la doctrina o pensamiento budista como una práctica muy lejana a todo tipo de misticismo, y que no intenta otra cosa que cumplir los mismos fines de cualquier otra tradición religiosa: la liberación del sufrimiento humano.

Como bien señala el monje Piyadasi Thera (1997): “El Buda se ocupaba más de los seres vivientes que de la naturaleza inanimada. Su único propósito era el de aclarar el misterio de la existencia en lo que concierne al ser, y resolver de ese modo el problema del devenir”.

Si bien no se trata de misticismos, el camino de esta liberación sigue derroteros distintos a la racionalidad, pues rescata la dimensión intuitiva, interior y fundamentalmente vivencial del hombre. Por esto, en el budismo, ya sea que se trate de una filosofía o una religión, hay manifestaciones que representan un cambio y un aporte importante en la comprensión del hecho religioso y en la concepción de ser humano. Recordemos brevemente en qué consiste el budismo originario.

La leyenda y los relatos históricos del Canon Pali coinciden en la idea de que el budismo data aproximadamente de los Siglos VI–V a.C., y aparece al norte de la India, en las medianías del río Ganges (la actual Nepal), con la figura de un príncipe de la tribu de los Sakia. Un joven de unos diez y seis años, que vivía disfrutando de todas las comodidades nobiliarias –y protegido por su padre del mundo exterior- fue asaltado un día por la angustia e incógnita del sufrimiento humano.

Así, en búsqueda de la conciencia y experiencia capaz de dar con una respuesta, decide despojarse de todo en su vida: familia, lujos, riquezas y envestiduras reales, para llevar una vida ascética que lo paseó por diferentes opciones religiosas de su tiempo y espacio.

Fue esa consecución de búsqueda la que le hizo relativizar esas diferentes opciones y las tradiciones sociales, en una recta comprensión de la realidad del mundo. Tomó distancia de lo material, sin renunciar a ello, y asumió una conciencia de la transitoriedad e impermanencia de todo cuanto existe, todo lo que está en el orden del Ser.

Este príncipe de nombre personal Siddharta y nombre familiar Gautama, luego de su infructuosa búsqueda, decidió simplemente “sentarse” debajo de un árbol en larga meditación (samadhi), hasta que pudo acceder -con sus treinta y cinco años- a la “Verdad” plena, la iluminación (Bodhi). A partir de aquí será conocido como el “Buddha” (el iluminado), aquel que al acceder al Nirvana, logró romper con la rueda de renacimientos a la que estamos sometidos por pertenecer a la misma realidad impermanente del Ser (el samsara) que nos apega a la existencia.

Desde entonces, el mismo Siddharta -también conocido como el Tathāgata (el así venido, el que ha llegado) o Sakiamuny (el sabio de los Sakias), el Venerable, etc.- comenzará una tradición de prédica y práctica de la enseñanza de la “Vía” hacia la “Verdad” (Dharma), dedicándose a dar discursos, y sin dejar algún testimonio escrito.

La doctrina budista en este sentido, está estrechamente vinculada con la originaria experiencia del Venerable Tathagata, siguiendo la guía de la “Triple Joya” o los “Tres refugios” donde se resguarda el creyente: Buddha (la condición de iluminación), Dharma (la enseñanza) y Sangha (orden monástica). La base doctrinal está constituida por lo que buda denominó “Las Cuatro Nobles Verdades”.

Fuente(s): ciscuve.org

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