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Zalipie: El pintoresco pueblo pintado de Polonia
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El tranquilo pueblo de Zalipie en el sureste de Polonia es el hogar de una tradición encantadora. Hace más de un siglo atrás las mujeres de la aldea comenzaron a pintar sus casas: sin embargo, no sería de un único y uniforme color como uno podría esperar de una sociedad tradicional y conservadora. El pueblo, a través de la compleja y vibrante pintura de las mujeres de sus familias, floreció.

Aunque nadie está completamente seguro de cómo y cuándo comenzó esta tradición, se remonta a cuando el humo de las estufas escapaba por poco más que un agujero en el techo de la casa. Las mujeres pintaban sobre las manchas de hollín con cal. Sin embargo, las manchas todavía estarían parcialmente visibles y se cree que esto llevó a las mujeres, para que su casa aparezciese inmaculada para las fiestas religiosas, a cubrir los restos de manchas de hollín con pinturas de flores. Una vez que la cocina moderna y una mejor ventilación llegaron, estos encubrimientos ya no eran necesarios. Aunque los patrones de flores se hicieron poco a poco más y más sofisticados.

Esto puede haber ocurrido de forma espontánea en todo el pueblo. Sin embargo, la idea de una mujer solitaria que mira alrededor de su cocina y de repente tiene su momento “eureka” parece más tentadora. Luego, amigos visitarían el lugar, y gustándoles lo que vieron, podrían más tarde hacer sus propias versiones en sus propios hogares. No llevaría mucho tiempo para que esta idea se propagase a la parte exterior de las casas – y ahí es donde una competencia amistosa podría realmente comenzar.

De hecho, hasta hoy día, el pueblo celebra un concurso anual en torno a la fiesta del Corpus Christi. Pintores locales (unos pocos hombres, pero aún en su mayoría mujeres) crean sus propios intrincados arreglos florales en las paredes de las casas, así como también retocan modelos de años anteriores.

La práctica se ha extendido también más allá de las paredes de las casas de campo – parece que en Zalipie cualquier objeto inamovible es, potencialmente, el lugar para una floritura fluorescente – incluso los movibles no se escapan a esta tradición. Nada, al parecer, escapa a su atención. Los gallineros están pintados. El puente de la aldea está pintado. Los cubos están pintados. El pozo del pueblo ha tenido la debida atención – al igual que el reloj de sol.

Por supuesto, cuando esta tradición comenzó en las tierras de Zalipie las mujeres de la aldea no habrían tenido acceso a equipos hechos profesionalmente. Hacían los pinceles utilizados para pintar las paredes con el pelo de la cola de las vacas de la zona. Los diferentes pigmentos se producían localmente usando la grasa de las albóndigas que las mujeres hacian y agregaban para dar cuerpo a la pintura. Cada año, las flores se repintan después de Corpus Christi, cuando no había tanto trabajo agrícola importante por hacer.

La competición Cottage Pintado – Malowana Chata – se ha celebrado cada año Zalipie desde 1948. Su introducción fue parte del movimiento para ayudar al país a recuperarse psicológicamente de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, en la que vio perecer más del 17% de su población.

Una mujer en particular conservó y desarrolló la tradición. Felicja Curyłowa (1904 – 1974) se obsesionó tanto con las decoraciones florales que cubrió casi cada superficie posible de su casa de tres dormitorios con sus adornos ornamentales. Como era de esperar su casa se ​​ha convertido en un museo (zalipie muzeum), el cual se conserva como el epítome de este arte maravilloso popular.

Foto: flickr.com
Fuente(s): viajerosdelmisterio.es

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