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Los señores del desierto del Sáhara
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Los tuaregs son de tradición nómada del desierto del Sáhara. Su población se extiende por cinco países africanos: Argelia, Libia, Níger, Malí y Burkina Faso. Cuando se desplazan, cubren sus necesidades y las de los animales debido a que viven en unidades familiares extensas que llevan grandes rebaños a su cargo. Tienen su propia escritura, el tifinagh.

El desarrollo de los medios de transporte modernos en el Sahara desde la segunda mitad del siglo XX ha provocado el declive de la actividad comercial de las caravanas tuaregs y la sedentarización de parte de su población en las grandes ciudades del sur del desierto y del Sahel.

La marginalización cultural y económica les ha llevado a emprender una lucha política y armada desde los años 1960 y 1990, particularmente en Malí y Níger.

En enero de 2012 los tuaregs de Mali iniciaron una nueva rebelión y en abril proclamaron la independencia del Estado de Azawad, en el norte Mali (que incluye las ciudades de Tombuctú, Kidal y Gao, declarada la capital), que hasta ahora no ha sido reconocido por ningún país ni organismo internacional, y que está sufriendo un proceso de islamización de la mano de grupos radicales cuyo objetivo final es implantar la sharia.

La población estimada de personas que hablan lenguas bereberes es de 25 millones,10 de los cuales 1,2 millones se consideran tuaregs.

Aunque eminentemente nómadas, en el siglo XIV pobladores tuareg se habían establecido en Tombuctú, ciudad por cuyo dominio lucharán durante épocas sucesivas contra el imperio de Malí, el imperio songhai, los pachás vasallos de Marruecos, el imperio colonial francés, o en épocas recientes, contra el gobierno del estado de Malí.

Los tuareg adquirieron prestigio como excelentes guerreros en época temprana, teniéndolos en consideración los pueblos vecinos árabes o negros. Entre ellos mismos, las tribus e individuos más dotados para las artes marciales tenían mayor reputación. Armados de lanzas y dardos o jabalinas, arcos y flechas, escudos y su famosa y difundida espada takouba, cargaban frontalmente a lomos de sus mehari entonando cánticos y gritando.

Esta forma de lucha, con un componente ritual importante, tuvo durante siglos gran éxito. Debido al conocimiento del terreno en el que se desplazaban, y a su estilo de vida nómada, podían movilizarse, atacar, saquear y esfumarse con gran rápidez.

Esta forma de lucha tendría que ser replanteada frente a las tropas coloniales francesas armadas primero con fusiles de cerrojo y cartucho metálico con carga de pólvora negra modelo Gras y después con fusiles de repetición y cartucho con pólvora sintética modelo Lebel.

Reunir a 1.500 o 2.000 guerreros era prácticamente una hazaña. Por un lado, la población total era escasa y la densidad baja, y por otro, era difícil mantener unidos a tan alto número de hombres y monturas siendo la presión que ejercían sobre el terreno alta y los recursos - agua y pastos - escasos.

Tampoco había una concepción de la guerra como algo perdurable y continuo, sino como algo pasajero; una acción aquí o allí era algo asumible, un conflicto prolongado como el que podía afrontar un ejército profesional era difícilmente sostenible.

Fuente(s): Tuareg

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