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Las santiguadoras en la cultura popular chilena
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santeria en chileEl santiguado constituye una especie de exorcismo doméstico en la tradición popular chilena, recurrido en casos donde la enfermedad puede ser confundida con acosos sobrenaturales sobre el individuo.

Quien haya sido santiguado por una experta en el oficio, sabe de las extrañas y reconfortantes sensaciones que se tienen durante el rito, como una especie de relajo nervioso y un hormigueo en el cuerpo realmente indescriptible. No hay duda de que la tradición de las santiguadoras está en camino a su desaparición en Chile, a estas alturas, atrincherada sólo en algunas zonas rurales del país, o de la mano una que otra "meica" o "sacadora de empachos" de barrios pobres.

Curiosamente, una sociedad que acoge secretamente a chamanismos exóticos y santerías tropicales (hay hasta políticos en las listas de clientes de conocidos brujos y pitonisas de Santiago) desconoce su propia tradición y arroja al tarro de lo ignorante al santiguado, como si sólo las supercherías más coloridas tuvieran algún valor.

Uno de los pocos trabajos de investigación que se han publicado en el país dedicados especialmente a esta antigua tradición es el ensayo titulado "Animitas, machis y santiguadoras en Chile", del sociólogo Cristián Parker Gumucio, de la Academia de Humanismo Cristiano, publicado en 1992. Aunque se trata de un libro excesivamente concentrado en metodologías de trabajo y procedimientos de investigación, arriba en una exposición interesante sobre la fe popular. Sin embargo, uno puede reconstruir esta historia siguiéndole la huella en algunas crónicas y en trabajos posteriores de investigación sobre el folklore. 

Las raíces de las santiguadoras están en una combinación de elementos del cristianismo con otros provenientes del paganismo europeo y del nativo americano, amalgamados durante la formación misma de la sociedad chilena. El padre Alonso de Ovalle, por ejemplo, cuenta en su "Histórica Relación del Reino de Chile" (1646) cómo algunos pudientes vecinos de Santiago hacían llamar a magos machis del Sur para que atendieran sus dolencias.

Santiguadoras y rezadoras hubo muchas en Santiago de Chile en antaño, cuando la línea entre la ciudad y el campo era más tenue que hoy. Suelen ser mujeres mayores, modestas y de vida retirada, con poco nivel educacional pero siempre rodeadas de un halo de prestigio y generosidad entre sus vecinos o amigos, lo que las hace abuelitas queridas. Sobrevivieron en algunas poblaciones populares de la capital hasta épocas recientes, cuando el envejecimiento y la muerte de las cultoras ha ido señalando el final de su dinastía. En general, es una actividad donde la espiritualidad y lo sobrenatural conviven a un paso del mundo más real y profano, generando instancias donde la verdad y lo imaginario se enredan en nudos peligrosos: empachos, males de ojo, corrientes de aire, espantos, etc.

Las santiguadoras solían formarse por tradición familiar, compartiendo sus secretos de manera generacional. Sin embargo, tal como sucede en la difusión de las disciplinas mágicas vinculadas al pueblo mapuche, los conocimientos no siempre eran totalmente revelados.

Fuente(s): urbatorium.blogspot.com

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