"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

Lectura destacada

La nueva guerra en el Congo. ¿Hasta cuándo?

El matrimonio en la cultura Acateca
Compartelo en
Pin It

Los Acatecos son un grupo étnico de origen maya, con asentamientos originales en el municipio de San Miguel Acatán, municipio del departamento de Huehuetenango. Existen también presencias acatecas en comunidades como La Gloria, Nueva Libertad y San Francisco Natsi, dentro del municipio de La Trinitaria, en Chiapas, México.

La pedida de Mano. Antes se decía entre los acatecos que "cuando las mujeres tienen ya los senos bien grandes, se doblan (se joroban) y todavía no poseen marido", en caso de que alguien las pida, y si tienen la edad y madurez suficientes, pueden casarse. Celebran con cacao y comida, se da maíz, los padres convocan a las personas para comer con bebida de masa y pan con miel debido a que sus hijas son "vendidas" y no regaladas.

Si no encuentran marido antes, sus padres ya no las reciben y son corridas de la casa, a la casa de sus suegros. En dado caso de que los suegros las corran de sus casas, son hechizadas y pedidas a muerte. Si estas mujeres se juntan con otro sujeto, se cree que sus hijos no crecerán debido al hechizo que les "echaron".

El matrimonio maya acateco posee tres formas distintas:
  • Matrimonio realizado por los padres con residencia patrilocal.
  • Matrimonio por servicio, con residencia matrilocal provisional.
  • La fuga.
Además de estas maneras existen uniones legales, las únicas reconocidas por el Gobierno Guatemalteco. El matrimonio legal, registrado en el juzgado, juega un papel muy insignificante, de hecho durante un periodo de diecisiete años, entre 1922 y 1938, sólo se celebraron once matrimonios. Domina el matrimonio tradicional que posee importancia social.

Matrimonio arreglado por los padres. Los matrimonios arreglados por los padres reciben más respecto de parte de los mayas. El proceso con mínimas variaciones es el siguiente: un padre escoge a una joven para su hijo, con o sin el consentimiento de éste. Por lo general, se le consulta al hijo de antemano. En ocasiones el proceso inicia por indicar a la muchacha con quien le gustaría casarse.

El padre del muchacho realiza una visita al padre de la muchacha, durante el transcurso del cual se propone el matrimonio. Lleva tres o cuatro fajos de cigarros hechos en casa, los cuales son entregados durante la palabrería, a la cual le sigue una conversación informal, con poco interés manifestado de cualquier lado. Cada bando ensalza las virtudes de su progenie, pero si la visita termina con un desprecio de la oferta del matrimonio, la razón será siempre la misma: “la familia necesita el trabajo, y necesitamos tiempo para pensarlo y platicarlo con nuestros parientes”, a partir de ese momento, los padres del muchacho siguen haciendo visitas a los padres de la muchacha, por lo común de tres a doce, antes de arreglar el matrimonio, los padres del pretendiente ofrecen cigarros en cada visita, la cuestión del precio de la novia no surge en este momento, porque se considera “vergonzosa”.

Sin embargo, luego de que se aprueba el matrimonio, es arreglado el precio y el padre del muchacho entrega 50 centavos para comprometerse al arreglo. El precio de la novia suele ser de unos 5 Quetzales, que se les paga a los padres de la joven cinco días después de que se haya arreglado el asunto. Los miembros de ambas familias desemplean el papel de testigos.

El mismo día, a la media noche, el novio y su familia visitan a la novia en su casa. Llevan una preparación de maíz molido con cacao, seis o siete jícaras (vasijas pequeñas de cerámica), un poco de leña y varios fajos de cigarros. Cuando llegan a su destino, las mujeres deben preparar la bebida ceremonial (hecha bajo una preparación de maíz y cacao hervida en agua), de las provisiones traídas y pasan un poco de la bebida a todos los presentes en las vasijas especiales. Mientras tanto, la familia de la prometida se dedica a cocinar una cena para los invitados, la cual incluye carne y pollo. Aglomerados en torno al fuego, los hombres de un lado y las mujeres por el otro, consumen los alimentos. Los novios se sientan con el sexo respectivo. Después de la cena, las familias continúan sentadas cerca del fuego y el humo, platican y sorben bebida de vez en cuando. De esa manera transcurre la noche, a las nueve de la mañana, el novio y sus familiares regresan a su propia casa, sin la novia.

Cinco o veinte días más tarde, de acuerdo con los deseos del padre de la novia, se repite la visita con todos los detalles esenciales durante esta segunda visita, pero a veces durante la primera, se le da a conocer su ropa nueva a la novia. La ropa es hecha por la madre del novio y está conformada por un corte, un güipil (una especia de blusa) y un pañuelo grande (comúnmente rojo). La ropa es entregada a la madre de la novia que ayuda a la joven a ponerla después de la cena por la visita de la familia. Al acabar la segunda visita, la novia acompaña a su esposo y a su familia a su casa, caminando detrás de él por todo el camino, una vez en la casa, la familia descansa un poco y siguen las actividades diarias usuales.

Matrimonio por servicio. El Matrimonio por servicio ocurre con bastante frecuencia en los migueleños para las visitas preliminares, que conducen a la aprobación del matrimonio, siguen exactamente el mismo modelo que las uniones arregladas por los padres. No obstante, en general un hermano mayor, tío o amigo hace de intermediario, porque los matrimonios de servicio se contratan en su mayoría por hombres cuyos padres han fallecido, están separados, o no quieren asumir la carga por las visitas matrimoniales y el precio de la novia. Estos matrimonios se arreglan bajo dos condiciones:
  • Que el novio habite en la casa de la novia.
  • Que trabaje para la familia de la novia por un largo periodo.
Acordado el matrimonio, el novio se dirige a la casa de la novia, en compañía de amigos o parientes, de acuerdo a la situación. Y sin más celebración se transforma en miembro activo de la familia.

El yerno trabaja para la casa, a cambio, le proporcionan alimento, un sitio donde dormir, y un poco de dinero para su vestimenta, cuando finaliza el periodo de servicio, se lleva su esposa e hijos (si es que procrearon) y establece su propia casa independiente. En caso de que los padres de la esposa se den cuenta de que ésta es maltratada o el yerno conspira a la esposa saliendo en ocasiones de la casa, lo único que pueden hacer es enojarse, debido la que no pueden hacer nada. A causa de que Guatemala no reconoce ningún matrimonio tradicional como legal, es imposible acudir a arreglos legales, de ahí que los padres comúnmente mencionan que se sientes “miserables”.

La fuga. La tercera modalidad de matrimonio es la fuga, en el cual la pareja huye a una finca cafetalera, regresan después de unos meses y continúan viviendo como esposos durante los eventos que haya, que con frecuencia originan un gran número de malos sentimientos entre las personas. Los padres de la novia se ven acorralados ante lo que creen que es su derecho, el precio de la novia, haciendo difamaciones de ellos constantemente. Cada vez que se presenta la oportunidad, la madre de la joven acosa al novio, en un intento de separarlos, aunque las quejas de los padres se interpretan como “la compra de una mujer” y se concibe como recompensa por el costo de educar a la muchacha. Si el dinero no es pagado, el padre de la novia se enoja y dice: “El marido piensa que los hijos se crían sin ningún costo. No piensa pagarme nada a cambio de haber dado comida y ropa a una hija”.

El precio de la adolescente es pagado en la mayor parte de los casos por los padres del pretendiente. De hecho existió un incidente de juzgado en enero de 1939 cuando un joven de 23 años de edad fue acusado por su madre de haberla insultado cuando le pidió que le devolviera los 8 quetzales que había gastado por el matrimonio y el precio de la novia. Él confesó que era cierto pero aclaró que todos los padres mayas pagan por sus hijos. Estuvo agradecido y para devolver el favor se quedó con su madre a fin de pagar su bondad. Permaneció a su lado por cuatro años sembrando y cosechando trigo, maíz, frijoles, cargando leña y desempeñando otras tareas indispensables por las que no recibió compensación alguna. Ahora él anhelaba tener su propio hogar. El hijo fue sentenciado a diez días de cárcel o una multa de diez centavos diarios por insultar a su madre, pero no pudieron forzarlo a seguir viviendo con ella.

Fuente(s): viajeporguatemala.com

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Copyright © . La Gran Paradoja Todos los derechos reservados. QPlantilla © design by neronsn Acerca del Sitio // Politica de Cookies // Sitemap // Contacto // Ir Arriba