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¿Por qué renuncia un Sumo Pontífice?
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Celestino V: Primer Papa que renunció 
El Papa Benedicto XVI comunicó que dejará el Pontificado el próximo 28 de febrero durante una reunión, según la agencia de noticias Ansa. El Sumo Pontífice, de 85 años, tomó la decisión "por falta de fuerzas" debido a su edad.

"Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino", explicó a los cardenales en latín.

"Siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro (...) de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice", agregó, de acuerdo con un comunicado.

Benedicto XVI, nacido bajo el nombre de Joseph Aloisius Ratzinger en Alemania en 1927, fue elegido como el 265º Papa el 19 de abril de 2005, tras la muerte de Juan Pablo II.

Muchos aun discuten sobre la semántica de "renuncia", o si en su lugar corresponde el término "abdicar", debate absurdo e injustificado en la medida que para el Vaticano no ofrece duda alguna, y por no ser aplicable tal diferenciación, pues con la actual ley canónica nadie puede "abdicar" en favor de alguien en especial, ya que siempre será el cardenalato quien elija al Papa sucesor.

La renuncia del Papa está previsto por el actual Código de Derecho Canónico, promulgado por la autoridad de Juan Pablo II en 1983, en el capítulo “Del Romano Pontífice y del Colegio Episcopal” (Parte II, Sección I), canon 332, párrafo 2: "Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie". A diferencia de la renuncia a los demás oficios dentro de la Iglesia (canon 189, párrafo 1), no se requiere que sea aceptada por nadie por cuanto el Papa "tiene, en virtud de su función, potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia, y que puede siempre ejercer libremente" (canon 331).

La historia de la renuncia del Papa proviene de un hecho excepcional, que obviamente fue tergiversado al cabo de la historia de varias sórdidas formas y maneras, pero que para los gnósticos tiene un análisis en particular, dado, la documentación que se ha guardado celosamente sobre el tema. Me refiero a la primer renuncia, hecha como tal, por Celestino V, nacido bajo el nombre real de Pedro di Morone. Quien era un monje de origen campesino (clases bajas). Merced al amor de sus feligreses y una labor que trascendió las fronteras de su jurisdicción, fue elegido Papa el 5 de julio de 1294, cuando contaba con ochenta y cuatro años de edad, después de dos años de estar vacante la silla apostólica, tras la muerte de Nicolás IV.

La elección de un Papa plebeyo, solo se pudo dar por la procaz y probiosa coyuntura que asolaba al vaticano por aquel entonces. La peste que acosó Roma por esos años, produciendo la muerte de muchos prelados, y una gran deserción entre los cardenales restantes, pero el condimento que terminó por estigmatizar dicho cargo, fue el enfrentamiento que mantuvo el Papa Nicolás IV con con el rey de Aragón, pues negó la dispensa para el matrimonio del nuevo rey Jaime II de Aragón con la hija del Rey Sancho IV de Castilla: Isabel de Castilla y Molina con lo que dicha unión celebrada en 1291 quedo solo como una ceremonia civil (una vergüenza por aquellos tiempos). Durante su pontificado también se enfrentó con el Sacro Imperio, con motivo de la sucesión del reino de Hungría, ya que Nicolás IV le otorgó la bendición a Carlos Martel de Anjou, hijo de Carlos II de Anjou en detrimento de Alberto, el hijo del emperador Rodolfo de Habsburgo.

En medio de éste infame escenario, Celestino fue entronizado el 29 de julio del año antes mencionado, convirtiéndose en el quinto papa que se llamó Celestino. Gozaba de fama de santidad, y su elección fue celebrada multitudinariamente (fue uno de los Papas mas amado y respetado por el pueblo en la historia de Vaticano). Pero pronto se dio cuenta de que había sido vilmente usado y que no contaba con la inmoralidad, el pragmatismo y falta de escrúpulos que requería el gobierno eclesiástico.

Le sobraba fe y humanidad, pero le faltó autoridad, seguridad, capacidad directiva y cintura política para no ser manipulado y lidiar con los factores de poder y grupos políticos dominantes. En ese entonces se debatió por primera vez sobre la licitud y la conveniencia de la abdicación, o si era menester crear otra figura del derecho canónico. Finalmente, el 13 de diciembre de 1294, alegando ignorancia, incapacidad, falta de fuerza, salud y ser un hombre de maneras y lenguaje sencillo (inculto), cambió su investidura papal por las monacales que vestía antes, todo ello en un precario "consistorio" manejado entre bambalinas por la nobleza y señores feudales (reunión de los cardenales con el Papa).

Como de costumbre en el Vaticano, se montó una ridícula ceremonia donde Celestino se postró y pidió perdón por sus errores, solicitando a la asamblea cardenalicia acepte su renuncia, y que repare su error, eligiendo un digno sucesor de San Pedro. Obviamente todo estaba previamente armado, por lo cual la aceptación fue inmediata. Luego Celestino regresó a su convento, donde la gente lo recibió como un verdadero santo en vida.

Así es como con este antecedente comienza la historia de las renuncias papales. El caso de Celestino V reviste especial significación por tres razones. La primera es que, mientras que en los anteriores casos existe algún grado de incertidumbre en cuanto a si la renuncia o la deposición se efectuaron o no, o a si fueron válidas, o a si hubo voluntad de abdicación, o a si el papa lo era realmente, en el caso de Celestino no cabe ninguna duda. La segunda es que se trata de una renuncia absolutamente voluntaria. La tercera es que con esta renuncia, Celestino formalizó en el derecho canónico la renuncia de los pontífices. En efecto, mediante un decreto, estableció la legitimidad de la renuncia papal. Su sucesor, Bonifacio VIII (1294-1303), fue quien profundizó en la regulación de la abdicación del Papa, mediante una decretal (carta pontificia con fuerza de ley referente a dudas sobre cuestiones canónicas), a la que pertenece el siguiente párrafo: 

"Nuestro antecesor, el Papa Celestino V, mientras gobernaba la Iglesia, constituyó y decretó que el Pontífice Romano podía renunciar libremente. Por lo tanto, no sea que ocurra que este estatuto en el transcurso del tiempo caiga en el olvido, o que debido al tema, esto se preste para futuras disputas. Hemos determinado con el cónsul de nuestros hermanos que debe ser colocado entre las otras constituciones para que quede perpetuamente en el mismo."

Autor: Lic Ramón D. Peralta
Fuente(s): copia-oculta.org

1 comentario :

  1. Excelente escrito. Así da gusto entrar a un blog. Felicitaciones a los administradores. Marcela Lopez (Buenos Aires)

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