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Los piropos tienen su origen en España
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Etimológicamente la palabra «piropo» proviene de la palabra latina, pyrpus y ésta en la griega piropos, un compuesto de pyr-pyrós (fuego) y ops (vista, ojo). Se podría traducir como «ojo de fuego».

El piropo se defiene como una expresión de admiración. Es un requiebro o lisonja. y la más genuina expresión del sentir del pueblo masculino hacia la belleza del sexo femenino, aunque con la emancipación de las mujeres en los últimos años también podemos registrar piropos dirigidos a los hombres.

Su origen. Antiguamente en España los jóvenes demostraban su amor a las doncellas regalándoles un piropo, un rubí con un color rojo muy intenso, por ello se denominaría del mismo modo a la frase galante que un varón puede dedicar a una dama.

En diferentes religiones y civilizaciones, en la mitología y en la literatura de varias épocas diversas partes del cuerpo, especialmente del cuerpo femenino han sido mitificadas o sacralizadas. Parafraseando a Ortega y Gasset (1966), observamos que para el hombre,la mujer primero fue una presa que se cazaba como un botín después la presa se torna premio porque «el botín de su feminidad no se puede poseer si no se gana» y a partir de aquel momento empezaron los juegos cortesanos.

Los piropos pueden llegar a ser tan ingeniosos, pícaros y originales que podrían llegar a ser considerados como un subgénero popular

Así, a lo largo de la historia, el hombre ha construido un ideal de mujer y la belleza variando según la época y la literatura ha inventado al mejor piropeador el más famoso: el Don Juan. El piropo existe en todos los países del planeta, de forma más o menos graciosa. Puede decirse que es más popular en España y en los países de habla española. España en general, es la verdadera patria del piropo. No hay nada tan español como el piropeo:

Con nuestra espléndida imaginación envolvemos a la mujer, desde la cuna, en una aureola de ideales; nos parece un serafín bajado del cielo para divinizar nuestra existencia, para redimirnos y para volar con ella a las regiones etéreas. Todas las flores del mundo nos parecen pocas para ella; y, como la juzgamos un ser superior, nos fascina, nos subyuga, aprisona nuestro corazón y la hacemos objeto de nuestro culto. De ahí la finura, la delicadeza de nuestro carácter caballeresco e hidalgo.

Lo que ha ocurrido es que el piropo ha seguido una evolución notable que le ha llevado del canto coral al solo, de la cuadrilla a la individualidad, de la noche al día. El origen del piropo debió derivar, sin duda, del romance medieval. El romancero viejo castellano está repleto de poemillas que hablan de los amores de Lanzarote, los amores imposibles de cristianos y moras (romances fronterizos).

Fuente(s): wikipedia.org | ciudadpc.com

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