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Hachikō, era un perro de raza Akita nacido en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate (Prefectura de Akita, Japón). En 1924 fue trasladado a Tokio por su amo, Eisaburō Ueno, un profesor del departamento de agricultura de la Universidad de Tokio. Desde la Prefectura de Akita hasta la estación de Shibuya viajó durante dos días en tren, en una caja. Cuando lo fueron a retirar personas del servicio doméstico en casa del profesor, estos creyeron que el perro estaba muerto.

Sin embargo, cuando llegaron a la casa, el profesor le acercó al perro un vaso con leche, y éste se reanimó. El profesor lo recogió en su regazo y notó que las piernas delanteras estaban levemente desviadas, por lo que decidió llamarlo Hachi (ocho en japonés) por la similitud con el Kanji (letra japonesa) que sirve para representar al número ocho (ハ). En verdad el perro estaba destinado a la hija del profesor, quien prontamente abandonó la casa paterna al quedar embarazada y casarse para irse a vivir a la casa paterna de su esposo. Así, al comienzo, Hachi iba a ser regalado, pero el profesor pronto se encariñó con el perro al que adoraba enérgicamente.

El perro lo saludaba cada día desde la puerta principal y lo despedía al final del día en la cercana estación de Shibuya. La pareja continuó su rutina diaria hasta mayo de 1925, cuando el profesor Ueno no regresaba en el tren de costumbre. El profesor había sufrido un derrame cerebral en la universidad ese día, murió y nunca regresó a la estación de tren donde su amigo estaba esperando.

Hachi fue entregado después de la muerte de su maestro, pero él se escapó de forma rutinaria, demostrando querer volver una y otra vez a su viejo hogar. Después de un tiempo, Hachi, aparentemente se dio cuenta de que el profesor Ueno ya no vivía en la casa, así que fue a buscar a su señor en la estación de tren, donde le había acompañado tantas veces antes. Cada día, Hachi esperaba en la estación de trenes a que el profesor Ueno regresase. Y cada día pasaba sin ver al maestro entre los viajeros que salían de los trenes de llegada en la estación.

Al estar permanentemente en la estación de tren, Hachi atrajo la atención de otros viajeros. Muchas de las personas que frecuentaban la estación de tren Shibuya habían visto a Hachi y al profesor Ueno juntos cada día. Trajeron comida para Hachi y alimentos de perros para atenderle durante su espera.


La devoción que Hachikō sentía hacia su amo fallecido conmovió a los que lo rodeaban, que lo apodaron el perro fiel. En abril de 1934, una estatua de bronce fue erigida en su honor en la estación de Shibuya, y el propio Hachikō estuvo presente el día que se presentó la estatua. La estatua fue reutilizada a causa de la Segunda Guerra Mundial, pero se erigió otra estatua en agosto de 1947, que aún permanece y es un lugar de encuentro extremadamente popular, tanto que en ocasiones la aglomeración de gente dificulta el encuentro.

También hay una estatua similar en Odate, delante de la estación de Odate. Hachikō murió de filariasis en marzo de 1935, una enfermedad parasitaria. Sus restos disecados se encuentran en el Museo de Ciencias Naturales de Ueno (Tokio). Hachikō es el protagonista de la película de 1987 Hachikō monogatari. En noviembre de 2009 salió una nueva película sobre Hachikō llamada: Siempre a tu lado, Hachiko.

En Japón, los hombres virtuosos no proclaman que no deben nada a nadie, no se olvidan del pasado, de su deuda hacia el pasado. La rectitud en Japón depende del reconocimiento del lugar que cada uno ocupa en la gran red de obligaciones mutuas que abraza juntamente a los antepasados y a los contemporáneos. Tanto los chinos como los japoneses tienen muchas palabras que significan ‘obligaciones’, pero estas palabras no son sinónimas, y su significado específico no tiene traducción literal en inglés o en español. La palabra para ‘obligaciones’ que abarca la deuda de una persona, desde la mayor hasta la menor, es on. On significa un peso, una deuda, una carga que uno lleva lo mejor que puede, cuando alguien tiene una deuda con otra persona, dice “llevo un on hacia él”, “tengo una carga de obligaciones hacia él”, a este benefactor le llaman su “hombre on”.

“Acordarse del on de uno” puede significar una inmensa devoción recíproca. Un cuento japonés incluido en un libro de lectura del segundo año escolar y titulado “No olvides el on” emplea la palabra en este sentido. Es un cuento para los niños, usado en clases de ética y relata la historia real de Hachikō, el perro akita, un modelo de lealtad:

Hachi es un perro gracioso. Tan pronto como nació se lo llevó un extraño, quién lo trató como a uno de sus hijos. Por esta razón, incluso su débil cuerpo se hizo sano, y cuando su amo se iba al trabajo todas las mañanas, Hachi le acompañaba a la estación de tranvías, y por la tarde, cuando se aproximaba el momento en que él, su amo, volvía a casa, regresaba de nuevo a la estación para esperarle.

Con el tiempo, el amo murió. Hachi, -no sabemos si ignoraba lo ocurrido- seguía yendo a buscar a su amo todos los días. Iba como siempre a la estación a ver si su amo estaba entre la multitud que salía del tranvía. De esta manera se sucedieron los días y los meses, pasó un año, pasaron dos, tres años, incluso cuando ya habían pasado diez años, la vieja figura de Hachi se podía ver todos los días en la estación todavía buscando a su amo.

La moral de este cuento es la lealtad, que no es sino otro nombre del amor. Un hijo que quiere profundamente a su madre hablará de no olvidar el on que ha recibido de ella, con lo cual está expresando la misma devoción absoluta que Hachi tenía por su amo. El término, sin embargo, no se refiere específicamente al amor del hijo, sino a todo lo que su madre hizo por él cuando era un niño, sus sacrificios durante la adolescencia de éste y todo lo que ella hizo en pro de sus intereses al hacerse hombre, todo cuanto le debe a ella por su sola presencia. Implica devolver, al menos en parte, lo que se debe, y por esto significa amor. Pero su significado principal es ‘deuda’, mientras que en el pensamiento occidental pensamos en el amor como algo que se da libremente, sin la servidumbre de la obligación.

Fuente: perrofeliz.net

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