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Se tambalea la teoría de la relatividad de Einstein
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Un hombre armado con una presentación Power Point y un puntero láser se dispuso ayer viernes a cuestionar el límite de velocidad cósmica fijado por Albert Einstein hace más de un siglo. Era Dario Autiero, uno de los investigadores a cargo del laboratorio subterráneo del Gran Sasso, en Italia. Allí, a 1.400 metros bajo tierra, su equipo ha jugado a las carreras con el neutrino, una partícula elemental mil millones de veces más pequeña que un átomo de hidrógeno. Los investigadores dispararon neutrinos desde Ginebra y observaron su llegada al Gran Sasso tras un sprint de 730 kilómetros bajo tierra. Los resultados mostraban obstinados lo imposible: más de 15.000 neutrinos habían batido a la luz por 60 milmillonésimas de segundo.

Era una marca ridícula en una pista de atletismo, pero revolucionaria en ciencia. A principios del siglo pasado, la teoría de la relatividad de Einstein dijo que nada en la naturaleza puede viajar más rápido que la luz. Los resultados del equipo de Autiero son, por ahora, la mayor contradicción de ese límite de velocidad cósmico.

Tras tres años de trabajo, el equipo no ha conseguido encontrar un error en sus mediciones. Pero ante el enorme calado de los datos, Autiero y su equipo fueron muy cautos. “No vamos a intentar deducir aún ninguna explicación teórica de los resultados”, señaló el físico como despedida a su presentación ante investigadores del Laboratorio Europeo de Física de Partículas CERN, en Ginebra, que le envolvieron en un cerrado aplauso.

La dirección del CERN reaccionó pidiendo cautela. La institución, formada por 20 países incluida España, advirtió que “es poco probable que los datos” obliguen a modificar “la teoría de Einstein”. “Si las mediciones se confirman pueden cambiar nuestra concepción de la física, pero necesitamos estar seguros de que no hay otras explicaciones más triviales”, advirtió Sergio Bertolucci, director de Investigación del CERN.

Los resultados de Opera son “los más precisos obtenidos hasta ahora”, según Autiero. El experimento ha usado satélites GPS para medir el punto exacto de salida y llegada de los neutrinos. Se trata de partículas sin carga que atraviesan la materia a raudales sin perturbarla. Para poder cazarlos, el Opera usa un muro subterráneo compuesto por 150.000 ladrillos que contienen película fotográfica. El tiempo de desplazamiento también se mide con relojes atómicos de alta precisión.

Desde Ginebra, los investigadores generan neutrinos haciendo chocar protones contra placas de grafito. Otro equipo los recibe tras su viaje bajo los Alpes, mide el tiempo transcurrido y lo compara con el que habría tardado un haz de luz en el vacío.

El margen de error es de 20 centímetros en una distancia total de 730 kilómetros, o lo que es igual, unos 10 nanosegundos (milmillonésimas de segundo). Conscientes del alcance de los resultados, los expertos también han ajustado el dispositivo en función de la rotación de la Tierra.

Los mejores lugares para estos análisis son minas abandonadas o grandes cuevas como la de Opera, donde los millones de neutrinos que llegan desde el espacio quedan atenuados por la corteza terrestre. Operando en una cueva a 1.400 metros de profundidad bajo un macizo montañoso en los Apeninos, los expertos de Opera tienen “mil veces” menos interferencias que en la superficie, explicó Autiero.

Durante tres años, sus neutrinos batieron a la luz por 60 nanosegundos sin que los investigadores del Opera hayan encontrado fallos. Su margen de error es de seis sigmas, que en la jerga de la física de partículas supone una confianza estadística casi absoluta.

Escepticismo y prudencia. A pesar de su contundencia, los resultados han sido recibidos con cautela y escepticismo. Rolf Heuer, director general del CERN, dijo que este descubrimiento sería “revolucionario”, pero que antes de analizarlo y buscar su explicación, debe ser reproducido por otro experimento similar, que debe confirmar ese récord de 60 nanosegundos.

En 2007, el experimento Minos, en EEUU, detectó neutrinos más rápidos que la luz, pero con una precisión mucho menor que Opera. Sucedió en una vieja mina de sal de Minnesotta, a más de 700 metros bajo tierra, donde llegaban los neutrinos producidos en los aceleradores de partículas de Fermilab, a 735 kilómetros de allí. “El resultado de Minos fue un factor diez menos preciso que el de Opera, pero ambos iban en la misma dirección”, señala a este diario Stefan Söldner-Rembold, investigador de Fermilab. A pesar de ello, el físico duda de los resultados. “La probabilidad de que el efecto sea por causas triviales es mucho más alta de que estemos ante un fenómeno físico nuevo”, advierte.

“Seguramente haya algún efecto experimental que no se ha calibrado en ambos resultados”, reconoce Jenny Thomas, experta en física de partículas del University College de Londres y portavoz del experimento Minos. Thomas menciona que ambos laboratorios están en contra de lo que, hasta la fecha, ha sido la medición de neutrinos más precisa. Se hizo gracias a la estrella 1987A, cuyo estallido descubierto en 1987 ayudó a medir si los neutrinos producidos por la misma llegaban antes que la luz asociada al reventón tras recorrer 168.000 años luz.

“Cómo físico, mi primera reacción es de escepticismo”, reconoce Juan Hernández, experto en neutrinos del Instituto de Física Corpuscular de Valencia. “Durante las próximas semanas veremos seguro decenas de artículos explicando el resultado”, advierte. “No va a ser muy difícil dar una explicación, pero sí que esta sea compatible con todo lo que sabemos que la relatividad explica con una precisión y profundidad sorprendentes”, añade. Thomas señala que ahora sólo queda esperar para ver si los experimentos de Minos coinciden con Opera.

Mucho antes de las observaciones de Minos y Opera, los teóricos ya habían acuñado un término para partículas teóricas más rápidas que la luz. Son los taquiones, que, por ahora, siguen en el reino de lo posible imaginario. “Estoy convencido de que los neutrinos no son partículas taquiónicas”, confiesa García-Bellido, quien no acepta dudas sobre la vigencia de la teoría de la relatividad de Einstein. “Ha sido demostrada con una fiabilidad de diez elevado a 21 [equivalente a una posibilidad de fallo entre 1.000 trillones ]“, espeta.

Si viaja más rápido que la luz, el neutrino puede ir al pasado, ya que alcanza la meta antes de haber salido a ojos del observador. ¿Cómo lo hace? Según Söldner-Rembold, atajaría por una nueva dimensión sin límites de velocidad. “Los neutrinos podrían propagarse en un espacio-tiempo curvo, mientras la luz lo haría en otro ordinario”, explica. “Los neutrinos, al contrario que la luz, pueden tomar un atajo a través del espacio y por eso parecen más rápidos”, añade. Esta solución no obliga a tirar la teoría de la relatividad a la basura, sino a añadirle una nueva dimensión.

”Sería posible viajar en el tiempo” . Según el profesor de física de partículas en la Universidad británica de Manchester, Jeff Forshaw, en declaraciones a Reuters, de confirmarse, los resultados supondrían que en teoría es posible “enviar información al pasado”.

“En otras palabras, viajar en el tiempo sería posible (…) (aunque) eso no significa que vayamos a construir máquinas del tiempo a corto plazo”, indicó.

“Hasta ahora, la velocidad de la luz ha sido considerada como un límite infranqueable” “Estas mediciones presentan escasas dudas y una estadística tal que concedemos una gran confianza a nuestros resultados”, estimó. Más de un siglo después de que Albert Einstein enunciara la teoría de la relatividad, en 1905, “la experiencia da testimonio de un resultados totalmente inesperado: los neutrinos llegan a Gran Sasso con una ventaja pequeña, pero significativa, con relación al tiempo que la luz hubiera necesitado para cubrir el mismo recorrido en el vacío”. Los resultados se basan sobre la observación de más de 15.000 neutrinos, precisó la institución francesa.

Hasta ahora, la velocidad de la luz ha sido considerada como un límite infranqueable y si no fuera así, “podría abrir perspectivas teóricas completamente nuevas”, agregó el CNRS. Aunque, a pesar de estas afirmaciones estima que harán falta “mediciones independientes para que el efecto observado pueda ser refutado o formalmente confirmado”.

En el laboratorio de física más grande del mundo se trabaja desde hace años para tratar de averiguar si es posible registrar velocidades superiores a la de la luz -299.792 kilómetros por segundo-, lo que va en contra de un pilar teórico de la física. Los resultados de los exámenes que se realizan son presentados al resto de la comunidad científica, principalmente a laboratorios similares en EEUU y Japón, para confirmar los resultados.

Fuente: luxveritatem.wordpress.com

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