"Una vez conocí a dos hombres que estaban tan completamente de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro"

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El preso más antiguo de españa no tiene delitos de sangre
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Miguel Francisco Montes Neiro, de 60 años, es el preso más viejo de las cárceles españolas. Lleva a la sombra 33. Y es una demostración viviente de que todo el sistema político de represión de la delincuencia es un fracaso. Que es el preso más viejo se lo hemos concedido después de haber sido publicado y producirse el correspondiente silencio administrativo por parte de quien, en contrario, debiera haber rectificado.

Francisco ha ido pagando desde 1976 pequeñas condenas encadenadas y lleva más prisión en los huesos que preso alguno.

Sin haber cometido delitos de sangre ha cumplido más que el asesino del rol, que el asesino múltiple De Juana Chaos, que violadores y asesinos de niños, terroristas y criminales en serie. La media de cumplimiento en España, contando con la flojera crónica de las estadísticas y la carencia específica de las que suministra Interior, suelen ser 15 o, a todo lo más, 18 años de cárcel. Dentro de esa media está el asesino del rol, el asesino de la lavadora y podría estar, pronto, el único condenado por el caso Alcácer.

Miguel, tipo de bigote cano, gafas con cordón que le une las orejas, que ha perdido el brillo marrón de la melena ye-yé con la que entró tras los barrotes, transformada ahora en un discreto tupé nevado, se fugó el pasado 16 de noviembre, aprovechando que lo habían conducido al pueblo de Granada, donde se apagaba sin remisión la vida de su pobre madre.

Al llegar a la casa familiar, Miguel, que, como los marinos largamente embarcados, no sabe moverse fuera de las celdas e incluso ha perdido la perspectiva del horizonte, se apercibió de que las ventanas del cuarto de baño estaban abiertas y por allí se dio el piro, dejando que Dios repartiera suertes, los muertos cuidaran a los muertos, como en las Coéforas, y los vivos salieran de «estampía». Es algo que no se tomaron nada bien los agentes que le habían llevado hasta allí. Hay quien dice que carecen de sentido del humor.

Una búsqueda frenética
El enfado se concretó en una búsqueda frenética del preso más veterano por todo el país, en especial por los lugares más sospechosos de Andalucía, hasta que dieron con él en Las Gavias, Granada, el pasado 11 de diciembre, poco menos de un mes después de haberse fugado. Le hicieron objeto de una trampa saducea en la que dos agentes se hacían pasar por pareja y, enamoriscados, se acercaron a Miguel mientras se mostraban cariñosos. Cuando estuvieron a su altura, el varón le dio un golpe que le derribó al suelo. Es lo que ahora, el recluso, de vacaciones forzosas, ha denunciado: en su opinión no era necesaria tanta violencia. De hecho, un Gobierno saleroso ya le habría ofrecido un indulto para compensar con humanidad la incompetencia en la gestión.

Pero no. El fuguista fue detenido con los brazos esposados a la espalda. Su abogado ha denunciado un exceso de rigor: mucha fuerza para un hombre pequeño, de poca envergadura, al que denuncia que le propinaron diversos golpes para amansarlo, según afirma, sin necesidad. En la comisaría podría haber seguido el rigor policial,por ello, su abogado resalta abrasiones en la cara. Finalmente lo llevaron al hospital, donde ingresó en urgencias en el Virgen de la Nieves. Miguel se queja de que después de ser detenido orinó sangre, que es una queja antigua, que va con su época, muy de moda cuando ingresó en la cárcel por primera vez. Entonces, este tipo de protestas solían caerse por su base. Podría decirse que la costumbre va con su estilo de recluso carroza, aunque si resulta ser todo verdad lo tendrá que decir el juez.

Miguel Montes debería haber sido objetivo prioritario de liberación, dado que lleva tanto tiempo de cumplimiento. Su finalidad ya no es la reinserción o recuperación de un ex delincuente en la sociedad, sino el almacenamiento de un hombre como si fuera un lío de trapos viejos.

Montes, como Luis Candelas, no ha hecho daño físico a nadie, no ha matado. Y si ahora no ha podido más y ha querido ver el mundo, no debe sorprender a nadie. El límite de cumplimiento son 30 años en el Código Penal; resulta intolerable que se permitan condenas más largas por la puerta falsa de los pequeños delincuentes que suman delitos dado su desacierto para cambiar de vida; y especialmente, la incapacidad de las autoridades para cumplir la tarea que se han impuesto.

Fuente: www.belt.es/noticiasmdb/home2_noticias.asp?id=8965

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